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revistas electrónicas de la Universidad de Granada

Escribir, arrancar algo de las garras del tiempo y del olvido. En recuerdo a Amós Oz

Snatching memories from the clutches of time and oblivion:
Amos Oz, 1939-2018

Raquel García Lozano

raquelgl@filol.ucm.es

Universidad Complutense de Madrid

ORCID 0000-0003-3685-4166

Como la mujer de Lot: para escribir debes mirar hacia atrás. Y así tu mirada te convierte a ti y los convierte a ellos en estatuas de sal.

Amós Oz, Versos de vida y muerte.

En el libro titulado ¿De qué está hecha una manzana?, que podría considerarse su retrato más íntimo y personal, Amós Oz afirma que lo que le impulsa a escribir historias es el deseo de que las cosas no desaparezcan como si nunca hubiesen existido, de que no se borren para siempre de la memoria, y el deseo de que las vidas de las personas no se pierdan en el olvido sin que nadie sepa que alguna vez han «vivido, sufrido, amado e incluso soñado» 1. Durante más de cincuenta años, Oz ha narrado historias para preservar a las gentes que vivieron en la Palestina del Mandato británico y durante las primeras décadas del Estado de Israel, y para conservar las ciudades y los pueblos donde vivieron 2, como la culta y convulsa Jerusalén o los protectores y aterradores kibutz, pero, sobre todo, para arrancar de las garras del tiempo y del olvido a los individuos que conformaron esa sociedad, con sus deseos y sus miedos, con sus sueños y sus pesadillas, con sus amores y sus desengaños, con sus esperanzas y sus desilusiones, con sus diferentes formas de vivir y sus diferentes formas de pensar, y también con sus diferentes maneras de expresarse, pues la gran riqueza de la lengua hebrea también ha quedado guardada como un tesoro en el gran legado literario que nos ha dejado.

Al igual que los personajes inmortalizados en sus obras, el escritor Amós Oz, tras decenas de libros de relatos y novelas, de ensayos y artículos, tendrá para siempre un espacio reservado en la memoria de los lectores del mundo entero y ocupará un lugar destacado en las letras y la cultura israelíes y universales. Pero, antes de ser Amós Oz, él fue un niño llamado Amós Klausner, y, para arrancar también de las garras del olvido a ese niño, y a modo de reparación con su padre y su apellido, escribió su obra más conocida y aclamada en el mundo entero, su novela autobiográfica Una historia de amor y oscuridad. En esta obra de 2002, Amós Oz ha querido hablar de su vida, de su infancia, de sus padres, de sus tíos, de sus abuelos, de sus maestros, de sus deseos y de sus miedos, de sus sueños y pesares, tal vez, porque, al igual que Giza, la anciana originaria de Galitzia de la que heredó los muebles para su habitación de trabajo, deseaba «contar su historia», «algunos de sus secretos», aunque, a diferencia de ella, ya no de forma camuflada. Sin embargo, desde muchos años antes, casi desde el inicio de su carrera literaria, ese niño ocupará un lugar central en muchas de sus obras, como Mi querido Mijael (1968) 3, La colina del mal consejo (1976), La bicicleta de Sumji (1978) o Una pantera en el sótano (1995). Y es que, de una forma u otra, todos sus relatos y novelas son autobiográficos, todos narran su vida, la historia de su vida.

Y su historia comienza en Jerusalén, en el seno de una familia de intelectuales europeos emigrados a Palestina durante la época del Mandato británico. Su padre, Yehuda Arie Klausner, era doctor en Literatura Hebrea; su madre, Fania Mussman, era licenciada en Filosofía e Historia; y su tío abuelo, el famoso historiador y profesor Yosef Klausner, fue director del Departamento de Literatura Hebrea de la Universidad Hebrea de Jerusalén y redactor jefe de la Enciclopedia Judaica. Desde su más tierna infancia creció en ese entorno familiar culto y erudito materializado en una casa pequeña y oscura, pero completamente llena de libros:

Lo único abundante en casa eran los libros: había libros de pared a pared, en el pasillo, en la cocina, en la entrada, en los alféizares de las ventanas, en todas partes. Miles de libros en cada rincón de la casa. Se tenía la sensación de que si las personas iban y venían, nacían y morían, los libros eran inmortales. Cuando era pequeño, quería crecer y ser libro. No escritor, sino libro: a las personas se las puede matar como a hormigas. Tampoco es difícil matar a los escritores. Pero un libro, aunque se lo elimine sistemáticamente, tiene la posibilidad de que un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería olvidada de cualquier biblioteca perdida de Reykjavík, Valladolid o Vancouver 4.

Desde pequeño estuvo rodeado de esas figuras fascinantes, y a veces opresivas, que abarrotaban su casa y tapizaban las paredes de la casa de su tío: «el santuario de libros del tío Yosef en Talpiot, los grilletes de libros de mi padre en el piso de Kerem Abraham, el refugio de libros de mi madre» 5, miles y miles de libros «en idiomas de los que no reconocía siquiera los caracteres» 6 y en otros que no sabía ni que existían, libros clasificados por temas, materias, idiomas y autores, que él imaginaba como un ejército con su división jerárquica de mariscales, generales, oficiales y soldados rasos 7. Tal vez por eso, cuando a los seis años su padre le dejó un hueco en un estante para que colocase sus libros, lo que fue toda una ceremonia de iniciación, porque «una persona cuyos libros están de pie ya no es un niño, sino un hombre» 8, él los ordenó por tamaño, lo que le valió la mirada de desilusión de su padre, «una mirada de completa decepción genética» 9. Sin embargo, aunque en ocasiones sintiese de niño la opresión del peso de todos esos libros dispuestos en la biblioteca de su padre con una lógica férrea, y a veces se considerase un pequeño ser insignificante e ignorante en medio de todo ese universo misterioso y fascinante, posiblemente el pequeño Amós nació destinado a ser lo que fue, un gran escritor, y ahora sin duda podrá ver cumplido su deseo de infancia: «ser libro».

Su historia comienza en Jerusalén, rodeado de libros; continúa en el kibutz Hulda, donde conduce un tractor bajo el sol al tiempo que se convierte en escritor; sigue en Arad, donde antes de escribir, a las cuatro de la mañana, contempla el desierto mientras pasea; y termina en Tel Aviv, donde escribe sus últimos libros.

1.Jerusalén 1939-1954

Amós Klausner nació en 1939 en una pequeña casa del humilde barrio de Kerem Abraham, lejos del centro de Jerusalén, de la Jerusalén refinada, culta y elegante admirada por sus padres.

Esa Jerusalén estaba «en la verde Rehavia llena de sonidos de piano, en los tres o cuatro cafés con lámparas doradas de la calle Yafo y Ben Yehuda, en las salas del YMCA y en el hotel Rey David, donde judíos y árabes amantes de la cultura se reunían con británicos amables e instruidos, por donde pululaban señoras fantásticas de largos cuellos vestidas de fiesta del brazo de señores con trajes claros, donde se mezclaban ingleses liberales con judíos cultos y árabes ilustrados, donde se organizaban recitales, bailes, jornadas literarias, recepciones y refinadas charlas artísticas. Es posible que esa Jerusalén de lámparas y recepciones sólo existiera en los sueños de los habitantes de Kerem Abraham, bibliotecarios, maestros, funcionarios y encuadernadores. Sea como fuere, no estaba en nuestro entorno. Kerem Abraham, nuestro barrio, pertenecía a Chéjov» 10.

En ese barrio creció el pequeño Amós, un niño tímido, soñador, solitario, rodeado de los libros de su padre, bibliotecario de la Biblioteca Nacional, y de los cuentos de su madre, sin apenas amigos ni juguetes, pero acompañado por todo un universo de historias, relatos y fábulas que hacían que su corazón zarpase desde Oriente a los confines de Occidente, a los bosques, las cabañas, los prados y los campos nevados de las historias de su madre:

Vagaba sin cesar, perdido, sonámbulo, por aquellos bosques virtuales, por aquellos bosques de palabras, cabañas de palabras, prados de palabras. La realidad de las palabras dejaba a un lado los patios azotados por el sofocante calor, los curvados cobertizos de uralita adosados a las casas de piedra, los balcones repletos de bidones y tendederos. Lo que me rodeaba no me interesaba. Todo lo que me interesaba estaba hecho de palabras 11.

Era un niño de palabras. Las palabras, la riqueza de las palabras, los bosques de palabras le llegaron también a través de su padre, que le hablaba de las palabras como si «fuesen una familia ramificada procedente del este de Europa donde hubiese un montón de primos segundos y terceros, familia política, cuñados, sobrinos, consanguíneos, nietos, biznietos» 12; de la poeta Zelda, su maestra de segundo de primaria, a la que los niños llamaban Maestrazelda, que le enseñó la importancia de los espacios entre las palabras, porque «a veces una palabra necesita un absoluto silencio a su alrededor: tener bastante espacio» 13; o de uno de sus maestros del colegio religioso para chicos Tajkemoní, que se pasaba las clases contando historias que él, «con la boca abierta, la cabeza siempre un poco ladeada, los ojos como platos» 14, bebía con avidez mientras los otros chicos se dormían o hacían travesuras. Pero, fuera de aquel mundo íntimo, privado, solitario, lleno de bosques nevados y personajes legendarios, estaba la realidad de una familia paterna seguidora del sionismo revisionista de Jabotinsky que, antes de dejar que el niño se educase en un colegio público de ideología socialista, la que imperaba por entonces en la Palestina judía, decidió que, en el otoño de 1947, continuase sus estudios en un colegio religioso solo para chicos, «entre los dos males, era preferible el negro al rojo» 15.

Allí «estudiaban chicos de familias pobres, hijos de artesanos, obreros y pequeños comerciantes educados a bofetadas, hijos de familias que criaban a dieciocho niños, algunos de ellos siempre hambrientos y ávidos de mi pedazo de pan, otros con la cabeza rapada y todos con birretes negros ladeados. Me acechaban junto a los grifos del patio y me echaban agua, porque enseguida descubrieron que era hijo único, el único hijo único que había entre ellos, el más débil de todos, muy susceptible y con tendencia a sentirme herido al menor empujón o la menor palabra ofensiva. Cuando se envalentonaban e inventaban para mí nuevas humillaciones, yo me quedaba de pie, jadeando, en el centro del círculo de escarnio de mis enemigos, golpeado y cubierto de polvo, una oveja entre setenta lobos, y de repente empezaba a pegarme a mí mismo, dejando perplejos a todos mis adversarios, a arañarme de forma histérica y a morderme el brazo con todas mis fuerzas hasta que aparecía una especie de reloj sangriento. Igual que hizo mi madre dos o tres veces delante de mis ojos, presa de la más completa desesperación» 16.

La desesperación parece unir a madre e hijo por aquellos años, la desesperación ante la insalvable distancia entre un mundo imaginado o perdido y una realidad oscura, agobiante, rígida y opresiva que vivían bajo el peso de la piedra de Jerusalén. La madre, como Jana, la protagonista de Mi querido Mijael, presa de la melancolía, anhela escapar «lejos de Jerusalén. Lejos de las callejuelas. Lejos de las viejas ortodoxas que se arrugan bajo el sol, como pájaros de mal agüero, sentadas en taburetes y acechando con ojos escrutadores como si ante ellas se extendiese una gran llanura y no un pueblo asfixiado» 17, sin embargo, al darse cuenta de que esa huida es imposible, dice: «Oí campanas lejanas sonando en las alturas. Era como si otra Jerusalén hubiese surgido de sueños melancólicos. Fue una visión terrible y lúgubre. Jerusalén me perseguía» 18. La huida se muestra ya imposible, por tanto, solo queda dejar que los personajes que aparecen en sus sueños destruyan la ciudad, o que Jana, o Fania, se destruya a sí misma. Y cuando esto ocurre, cuando la madre, movida por esa desesperación producto de la melancolía que no la dejaba vivir en la opresiva Jerusalén, pone fin a su vida, su hijo también se destruye en cierto modo, aunque él sí logra escapar de Jerusalén para iniciar una nueva vida.

2.Kibutz Hulda 1954-1986

Esos pioneros vivían más allá de nuestro horizonte […] allí, donde ellos vivían, ocurrían las cosas verdaderamente importantes. Allí se construía el país y se arreglaba el mundo, allí estaba floreciendo una nueva sociedad, allí imprimían su sello en el paisaje y en la historia, araban campos y plantaban viñas, allí se componía una nueva poesía, allí montaban armados a lomos de caballo y respondían con fuego al fuego de los asaltantes árabes, allí recogían desechos humanos y hacían con ellos un pueblo luchador. Soñaba secretamente que algún día también me llevarían con ellos. Que también harían de mí un pueblo luchador. Que también mi vida se convertiría en una nueva poesía, una vida pura, honesta y sencilla como un vaso de agua fresca en un día bochornoso 19.

Dos años y medio después de la muerte de su madre, a los quince años, Amós Klausner se cambia de apellido, desde ese momento será Amós Oz, y se va a vivir al kibutz Hulda, a un lugar que era la antítesis del mundo de la Jerusalén de su infancia. Para superar la muerte de su madre, dejar atrás a su padre y todo lo que representaba y comenzar él solo una nueva vida, el joven Amós, que quería ser como todos los demás, ser uno de esos jóvenes fuertes, bronceados, atléticos, que trabajaban en el campo, se relacionaban libremente con las chicas y no se dedicaban a contar historias ni a escribir poemas y relatos, necesitaba fuerza, valor, coraje –todo lo que en hebreo significa su nuevo apellido–, porque, en su caso, emprender ese viaje simbolizaba algo semejante a lo que hicieron los pioneros y fundadores de los kibutz mucho tiempo antes y desde lugares mucho más remotos: caminar sin mirar atrás 20. Y en su caso, ese caminar sin mirar atrás le alejaba también, por voluntad propia, de lo que él mismo afirma que es el acto de escribir.

Y así, con su nuevo apellido, el joven Amós Oz se fue adaptando al régimen de vida comunitario del kibutz, trabajaba en el campo y vivía con los jóvenes de su edad, pero, cuando los otros chicos se iban a jugar al baloncesto o a divertirse con las chicas a la luz de las hogueras y de las estrellas, él se ponía a escribir a escondidas en la sala de atrás del centro cultural; a escondidas, como si estuviese realizando algún acto prohibido o vergonzoso que era incapaz de dejar de hacer. Porque, de los tres grandes objetivos que se fijó al marcharse al kibutz, broncearse, ser más alto y dejar de escribir, sólo cumplió el primero. Así pues, sin que nadie lo viese, en los ratos que le dejaba el trabajo en los cultivos y los turnos de vigilancia nocturnos, siguió escribiendo historias, hasta que unos años más tarde se publicaron sus primeros relatos en la revista Keshet y, poco después, serían editados en forma de libro.

El kibutz Hulda, en el que pasó treinta y dos años, posiblemente los más importantes de su vida, desde los quince a las cuarenta y siete años, le proporcionó todo el material humano que necesitaba para sus historias; de hecho, el kibutz es un personaje central de gran parte de sus obras, no solo al inicio de su carrera literaria, sino a lo largo de toda su trayectoria como escritor. Una buena parte de su obra se desarrolla en el kibutz, en cualquier kibutz, real o imaginario: eso ocurre en la primera, el libro de relatos Tierra de chacales (1965), escritos entre 1962 y 1965, y en la segunda, su primera novela Quizás en otro lugar (1966), pero también en las más tardías como Un descanso verdadero (1982) o Entre amigos (2012).

En el relato «Tierra de chacales», dentro del libro homónimo, Oz describe cómo percibe el kibutz una población que, en los años 50, habita en medio del desierto llena de temores ante los peligros que les rodean, pero también dominada por las pesadillas de los horrores vividos en otros tiempos y en otros lugares, miedos y pesadillas que acechan sobre todo por las noches y les hacen aullar como los propios chacales que habitan en el desierto:

A esas horas del anochecer nuestro mundo se compone de círculos y más círculos. El círculo exterior es el de la oscuridad indefinida, lejos de aquí, en las montañas y en los grandes desiertos. Encerrado dentro de él está el círculo de nuestros campos, viñedos, huertos y frutales. Es un lago repleto de sonidos y susurros. Nuestras tierras nos traicionan cada noche. En esos momentos no son familiares ni dóciles, están entrecruzadas por tubos de riego y caminos de tierra. En esos momentos nuestras parcelas se pasan al bando enemigo. Y nos envían ráfagas de olores extraños. Ante nuestros ojos, nuestras tierras se erizan por la noche, exhalando una amenaza hostil, y vuelven a ser como eran antes de nuestra llegada a este lugar.

Un círculo interior, el círculo de luces, es el que nos protege, a nosotros y a nuestras casas, de la amenaza que se acumula alrededor. Pero es un muro endeble, incapaz de contener los olores y los sonidos del enemigo. Todos esos olores y sonidos tocan nuestra piel por la noche como si fuesen uñas y dientes 21.

El kibutz, ese círculo de luz en medio de la oscuridad amenazante del desierto, es un lugar protector, cálido, hogareño, un lugar en el que los padres fundadores y después los inmigrantes y refugiados encontrarán un refugio seguro. Esa calidez familiar y protectora es la que busca Azarías, en Un descanso verdadero, un refugiado que vivió los horrores de la guerra en Europa y que, cuando está en medio de la noche lluviosa y fría, imagina la vida del interior de las casas del kibutz:

[…] familias alborotando, esterillas llenas de juguetes, olor a niños recién bañados, música, estufas ardiendo con fuego azul y mujeres con batas de lana, allí dentro resplandecía una vida real y lenta que él no había conocido jamás, y hasta lo más profundo de su alma deseó tocarla y contagiarse, formar parte de ella y no ser nunca más un extraño, un sospechoso merodeando en la oscuridad, sino convertirse en un momento, con ayuda de algún conjuro, en un miembro más del kibutz, en un compañero y un hermano tan querido por todos que ya no hubiera nunca más un muro entre ellos y no existiera ninguna diferencia entre él y los demás 22.

Pero, al mismo tiempo, es un círculo de hombres y mujeres controladores que se entrometen en la vida de los demás, un lugar opresor del que los jóvenes que han nacido allí quieren escapar para sentirse libres, como le ocurre a Yonatán, que no puede seguir renunciando al mundo que está más allá de las alambradas del kibutz y piensa:

Cambia tu vida de principio a fin. Pasa página. Sé libre. Todas las cosas que dejas atrás seguirán sin ti. No podrán hacerte daño. Sólo son un montón de objetos personales que no te harán falta en el lugar adonde vas. Familiares y amigos que te tratan como si les pertenecieras, como si sólo fueras una herramienta en sus manos para materializar un plan cuya finalidad no comprendes. Diferentes olores que te has habituado a amar. El periódico deportivo que te has acostumbrado a leer de principio a fin. Ya está bien. Abandónalo todo y todo será abandonado. Basta. ¿Hasta cuándo puede uno estar sometido? Debes tomar de una vez por todas las riendas de tu vida, porque tú te perteneces a ti mismo y no a ellos 23.

Y es que, aunque Amós Oz cree profundamente en la idea de la sociedad comunitaria e igualitaria del kibutz, también es muy crítico con esa sociedad que impone la igualdad de forma tan férrea y donde todo está organizado por turnos, donde no existe el concepto de familia, donde no existe la propiedad privada ni la vida privada, donde no existe la individualidad. Un buen ejemplo de ello es el primer relato que publicó, «La inercia del viento», incluido después en el libro Tierra de chacales, donde se describe la lucha de un joven por destacar dentro del grupo, por ser único, por hacerse visible entre los demás, aunque sea a costa de su propia vida. Un paracaidista participa en una exhibición a la que asistirá un gran número de personas, entre ellos sus familiares y compañeros del kibutz en el que vive, y, cuando está ya en el aire, de repente le entra el pánico:

¿Cómo van a verme desde abajo? ¿Cómo van a distinguirme en medio del bosque de paracaídas blancos? ¿Cómo van a abrazarme a mí y solo a mí con sus miradas inquietas y amorosas? Mi madre, mi padre, las chicas guapas, los niños pequeños, todos. No puedo pasar desapercibido así sin más entre la multitud de paracaidistas. Soy yo y ellos me quieren a mí. Sí 24.

En otros relatos de Tierra de Chacales se muestra la tensión del individuo que se debate entre dos polos opuestos: el mundo seguro, luminoso y civilizado del kibutz, pero al mismo tiempo vacío, desolado y monótono, y el mundo amenazante, oscuro y salvaje del desierto, los nómadas y beduinos, un mundo tan aterrador como atrayente y fascinante. Los personajes atrapados en ese mundo seguro y cerrado sueñan y fantasean con formar parte de ese otro mundo donde puedan liberar sus instintos, aunque esa liberación implique la destrucción y la muerte. En el relato «Nómadas y víbora» se contrapone la vida ordenada y civilizada de los miembros de un kibutz a la de los beduinos, descritos como chacales y lobos que amenazan la tranquilidad de la vida del kibutz. Sin embargo, ese eterno conflicto entre campesinos y pastores, entre sedentarios y nómadas sin raíces, adquiere una nueva dimensión a la luz de la alusión al relato bíblico de Caín y Abel, ya que en el relato bíblico es el campesino, Caín, quien se alza contra su hermano pastor, Abel. La alusión intertextual muestra que, desde el principio, son los miembros del kibutz quienes ejercen la violencia sobre los nómadas, con su soberanía sobre el territorio, sus vehículos, sus bombarderos y la prohibición de paso para su ganado, una violencia cainita que se desata en el ataque final:

Con mirada cansada, a través de la gruesa capa de lágrimas, observaba al grupo de chicos que, atravesando el césped, se dirigían al campo o al wadi para castigar a los nómadas. Llevábamos palos cortos y gruesos en las manos. La emoción dilataba nuestras pupilas. Y la sangre latía con fuerza en las sienes 25.

Además de los beduinos que, frente a los judíos del kibutz, se representan como primitivos e inferiores, aparece en el relato otro grupo marginal, el de las mujeres, que también se muestran como dependientes e inferiores en un mundo de hombre. Las mujeres se describen de forma estereotípica, como impulsivas e instintivas, frente a los hombres racionales. Los personajes femeninos, protagonistas de sus primeras obras, son seres irracionales que se guían por sus instintos, sueños y fantasías, y que se enfrentan al mundo culto, ordenado y civilizado de los hombres. En los años 60, Oz elige poner en el centro de sus obras a personajes que no forman parte del mundo hegemónico ni de los valores aceptados, a personajes marginales de la sociedad, ya sean mujeres independiente, instintivas y también heridas, ya sean hombres extranjeros, diferentes y amenazantes, o que mantienen relaciones consideradas ilícitas por la sociedad en la que viven.

En su segunda novela, Mi querido Mijael (1968), uno de esos personajes femeninos toma el papel protagonista y adquiere una voz propia en la primera obra de Amós Oz en la que, a su vez, el kibutz deja su lugar protagonista a Jerusalén, a la Jerusalén posterior a la guerra de la Independencia, la de los años cincuenta, en plena época de restricciones y penurias. Y es que, aunque catorce años antes había escapado de Jerusalén, nunca abandonó esa ciudad de su infancia que, años después, convertiría en el espacio vital de los personajes de La colina del mal consejo (1976), Conocer a una mujer (1989), Una pantera en el sótano (1995), Versos de vida y muerte (2007) o Judas (2014).

Y en Jerusalén vive también Jana, la protagonista de Mi querido Mijael, quien relata en primera persona la vida cotidiana de una estudiante de Literatura Hebrea que abandona sus estudios para casarse con un prometedor geólogo. Pero, tras esta aparente normalidad, se esconde la vida de una esposa y una madre angustiada y atormentada que se protege del mundo que le ha tocado vivir con sus cuentos fantásticos y sus sueños tormentosos, cuajados de fantasías sexuales y pesadillas inconfesables, y del que solo podrá escapar acabando con su propia vida.

Tras la publicación de este libro, sucede algo inaudito en la sociedad kibutziana de la época: Amós Oz consigue tiempo para dedicarlo única y exclusivamente a escribir. En la sociedad igualitaria y comunitaria del kibutz, no hay un tiempo ni un espacio privado para que el individuo pueda desarrollarse, por ejemplo, como escritor, y por tanto, durante los primeros años, Oz se ve obligado a escribir donde puede en los ratos libres que le deja su trabajo en el campo o en los turnos nocturnos de vigilancia. Sin embargo, tras sus primeras publicaciones, pide a la secretaría del kibutz que se le permita tener un día entero a la semana para dedicarlo a escribir y, tras grandes debates y discusiones, en los que se alegaba una gran razón de peso, si todos se creían artistas, ¿quién iba a ordeñar las vacas?, esa petición le fue concedida. Y poco tiempo después, cuando ya llevaba ocho años casado, había terminado la carrera de Literatura Hebrea y Filosofía en la Universidad Hebrea de Jerusalén y daba clases en el instituto del kibutz, tras el gran éxito obtenido con Mi querido Mijael, y los buenos ingresos que le proporcionó al kibutz, consigue un día más; dos días que después, cuando los ingresos siguen aumentando, se convierten en un máximo de tres días a la semana. Sin embargo, hasta 1975, con treinta y seis años y una década publicando con gran éxito, no dispuso de una habitación de trabajo, de una habitación propia para escribir.

El éxito de Mi querido Mijael supuso, por tanto, un gran cambio en el ámbito personal: el reconocimiento por parte del kibutz de su condición de escritor, lo que significaba poder dedicarse en exclusiva a la literatura, al menos unos días a la semana. Sin embargo, por esa misma época, en los años inmediatamente anteriores y posteriores a la publicación de esta novela, se producen dos graves acontecimientos en el ámbito nacional que cambiarán la situación geopolítica y a la sociedad palestina e israelí: la Guerra de los Seis Días, de 1967, cuyo resultado será la anexión por parte de Israel de la península del Sinaí y la Franja de Gaza, de Cisjordania y Jerusalén Este, y de los Altos de Golán, lo que dejará a la población árabe palestina sometida bajo la ocupación del Estado de Israel. Y la posterior guerra de Yom Kippur, de 1973, que acabará definitivamente con la sensación de seguridad e invulnerabilidad que tenía la población judía desde la creación del Estado. Amós Oz es movilizado como reservista en ambas guerras y participa en varias batallas, sin embargo en sus relatos y novelas, aunque sí en sus ensayos, nunca ha escrito de forma explícita sobre la guerra, porque, como él mismo dice, «mi recuerdo más nítido de los campos de batalla es el olor. Los olores no se pueden trasladar. Ni a la literatura ni al cine» 26.

Durante la década de los setenta, en los años posteriores a la guerra de los Seis Días y en la época marcada por la guerra de Yom Kippur, años convulsos de muertes, expulsiones, ocupaciones, miedos y desengaños, Amós Oz, como otros escritores israelíes, se aleja de esos terribles acontecimientos y vuelve la mirada a otros espacios temporales y geográficos. Aunque, en el caso de Oz, sería más preciso decir que continúa mirando a lo que siempre ha sido el punto nuclear de su narrativa: la vida cotidiana de individuos y familias que transitan por la convulsa realidad que les rodea. Pues, de una forma u otra, siempre ha escrito sobre su «pequeño mundo», sobre sus padres y su infancia, el kibutz, Jerusalén y sus habitantes, ya que, como explica el propio autor en Una historia de amor y oscuridad, ese fue desde el principio el mundo alrededor del cual gira su literatura: comprendí, dice, que el mundo escrito «gira siempre alrededor de la mano que escribe en el lugar en el que escribe: donde tú estás, está el centro del universo» 27.

Siendo esto cierto, también lo es que, como señala Hanan Hever, la crisis de la guerra de Yom Kippur supuso el «desarrollo de una mirada utópica y apocalíptica, que encuentra su expresión en la tendencia nostálgica de la literatura israelí» 28. Esa tendencia nostálgica significa, en el caso de Oz, una vuelta a la Jerusalén de su infancia, la Jerusalén de los últimos años del Mandato británico, que es donde transcurren los relatos de La colina del mal consejo (1976), y donde vive y sueña el niño protagonista de La bicicleta de Sumji (1978).

Unos años antes se publica Hasta la muerte (1971). Este libro, el único que Oz ha dedicado a su padre, contiene dos relatos: «Amor tardío» y «Hasta la muerte». El primero, «Amor tardío», es el único publicado en la década de los setenta que sitúa la acción en el clima de tensión inmediatamente anterior a la guerra de los Seis Días. Un anciano, enfermo y solo, se dedica, en los últimos momentos de su vida, a dar conferencia de kibutz en kibutz sobre un único tema: el judaísmo ruso, la conspiración de los bolcheviques para destruir al pueblo judío y, a continuación, el mundo entero. En su afán por advertir de esa gran amenaza ante la que, aparentemente, nadie reacciona, propone dos soluciones drásticas. La primera es responder a la amenaza con una amenaza mayor, con la destrucción total del planeta:

[…] si el pueblo de Israel poseyera un gigantesco misil, una terrorífica monstruosidad nunca vista antes en el mundo, Moshé Dayán podría levantarse y hacer saber a todos los gentiles: Señoras y señores, por favor, no se atrevan. No se atrevan a tocarnos. Ustedes con un dedo, nosotros con los puños. Ustedes con cuchillos, nosotros con un artefacto aterrador. Desde ahora, señoras y señores, no pueden hacernos daño sin que nosotros, por nuestra parte, hagamos volar por los aires todo el planeta 29.

Y la segunda es escapar al espacio interestelar donde solo hay descanso, silencio y paz, el silencio al que llega el protagonista al final del relato:

Pero también podríamos organizar otro plan: diseñaremos y montaremos un artefacto mecánico con el que todos nos elevaremos, todo el pueblo judío, desde los jóvenes a los ancianos, y juntos emigraremos a uno de los mundos lejanos de alguna otra galaxia. Y allí, Hugo, en las profundidades de los espacios silenciosos, lejos del alcance de cualquier mano, quizá podamos construirnos de nuevo una especie de Jerusalén celestial. Y así, Hugo, podremos descansar. Estaremos rodeados por fin única y exclusivamente de los elementos más simples y fuertes: el agua. El viento. La luz. El silencio. Conoceremos la paz. La paz, Hugo, la paz completa, la paz última. Y tal vez también el amor 30.

El segundo relato, «Hasta la muerte», el único escrito por Oz que se aleja del Israel del siglo xx, nos traslada a la Edad Media europea para denunciar un fenómeno intemporal y universal: el fanatismo. El relato describe con crudeza el fanatismo religioso que llevó a los cruzados a emprender la conquista de Jerusalén, hasta que «uno de ellos empezó a comprender lentamente, con una íntima certeza, que la anhelada Jerusalén no era una ciudad sino el último punto de agarre de una vitalidad que se extinguía» 31.

Además del relato «Amor tardío», Oz escribe otra obra en la que la acción se sitúa muy poco antes del estallido de la guerra de los Seis Días, aunque esta se publica a principios de los años ochenta. La guerra recorre las páginas de Un descanso verdadero (1982) como una constante amenaza 32, y las distintas reacciones de los personajes ante la tragedia que se avecina sirven para describir a dos generaciones: la de los pioneros, los fundadores del kibutz, que tuvieron que adaptarse a un nuevo paisaje, a un nuevo clima, a un nuevo idioma y vieron cumplido su sueño de tener una tierra propia y, frente a ellos, de la de los sabras, los que han nacido y crecido ya en esa tierra, que ponen en tela de juicio los métodos utilizados para conseguir todo aquello, personas que quieren realizarse en otro lugar, abandonar el kibutz que les vio crecer, y sentirse individuos anónimos forjadores de su propio destino.

Entre Un descanso verdadero (1982) y La caja negra (1987) transcurre la etapa más larga en su dilatada carrera literaria en la que Amós Oz no publica ninguna novela o libro de relatos, aunque sí sale al mercado un libro de ensayos: Las voces de Israel: Una controversia entre la vida y la muerte (1983). Desconocemos la razón de ese prolongado silencio literario. Sin duda pueden ser determinantes los graves acontecimientos que tienen lugar durante esos años: dos grandes guerras, la ocupación de territorios y la expulsión de su población autóctona, la insospechada percepción por parte de la población judía de que Israel podía ser destruido, el vuelco político de 1977, cuando el Likud accede por primera vez al gobierno y la izquierda es derrotada en las urnas y, la posterior la Guerra del Líbano, en 1982, que despertó las conciencias de muchos israelíes que, por primera vez, pusieron en tela de juicio las razones de seguridad que, según el gobierno, justificaban el ataque. Pero ese silencio literario, narrativo, también puede explicarse por algo que incumbe únicamente a su ámbito privado, el hecho de tener que marcharse del kibutz Hulda y trasladarse a una ciudad de nueva construcción en el desierto del Negev.

3.Arad 1986-2013

La ciudad es pequeña, nueva, con ocho o nueve mil habitantes […]. La calle principal, el bulevar Herzl, fue pavimentada por todo lo alto: seis carriles abiertos en lo alto de una colina rocosa y desértica. Entre los carriles, la línea de separación está demarcada por una tierra rojiza traída de lejos, sobre la que plantaron palmeras que los fuertes vientos martirizan sin cesar. […] Hacia el este y el oeste, salen de la avenida principal unas quince calles casi idénticas que llevan los nombres de presidentes y primeros ministros. Todas las calles tienen una hilera de farolas verdes y bancos públicos también verdes, fijos y a la misma distancia unos de otros. Hay buzones y una parada de autobús, y pasos de peatones señalizados. Aunque no hay mucho tráfico 33.

En 1986, cumplidos los 47 años, Amós Oz se traslada con su mujer y sus tres hijos a Arad. Él mismo define la salida del kibutz, tras más de treinta años, «como saltar en la oscuridad desde un trampolín a una piscina sin saber si tenía agua o no» 34, la misma imagen que utiliza para definir lo que sintió al marcharse de la casa de su padre cuando tenía 15 años; pues en ambos casos, aunque de formas muy diferentes, emprender ese camino significó el comienzo de una nueva vida. Al verse obligado a marcharse por problemas de salud de su hijo, el kibutz dejaba de recibir los ingresos que obtenía por sus libros y, por tanto, se negaron a darle la remuneración que le correspondía por todos los años trabajados allí, con lo que tuvo que marcharse con su familia sin nada y empezar de cero. «Hubo algunos años duros, e incluso aterradores; estábamos casi en la miseria» 35, dice Oz, unos años en los que se ve obligado a buscar múltiples fuentes de ingresos: comienza a dar clase en la Universidad Ben Gurión de Beer Sheva, también en el Instituto Universitario Sapir, escribe artículos de prensa semanales y da conferencias remuneradas dentro y fuera de Israel.

La difícil situación económica fue quedando atrás, pero, por esos mismos años, comienza su época menos grata como escritor. Entre finales de los años 80 y finales de los 90, publica seis novelas: La caja negra (1987), Conocer a una mujer (1989), Fima (1990), No digas noche (1994), Una pantera en el sótano (1995) y El mismo mar (1999), además de cuatro libros de ensayos 36. En esta etapa tan fructífera en su carrera literaria, la crítica, de la que hasta ese momento solo había recibido alabanzas y elogios, empieza a ser menos favorable hacia sus obras.

No resulta fácil explicar la repentina desafección de la crítica literaria, aunque no del público, hacia sus nuevas novelas. No obstante, como él mismo sugiere en su última obra ¿De qué está hecha una manzana?, se podrían destacar dos posibles motivos: en primer lugar, tal vez llevaba ya demasiados años siendo la voz de su generación, estando en el centro de la escena literaria israelí y con el foco siempre iluminándole a él, y posiblemente había llegado el momento de que otros ocupasen también un lugar principal en ese escenario. En segundo lugar, a finales de los años 80 y durante la década de los 90, la situación política, social y cultural cambia, y, con el surgimiento del postsionismo y el postmodernismo, otros grupos de población hasta entonces silenciados y marginados (judíos procedentes de países árabes, mujeres, inmigrantes de la antigua Unión Soviética, árabes-israelíes, etc.) comienzan a encontrar un espacio para hacer que se escuche su voz; además, las políticas de minorías y los estudios de género empiezan a entrar de lleno en las universidades y a influir de forma determinante en los estudios literarios, en los que la enseñanza de los relatos alternativos se irá imponiendo frente al relato hegemónico. Y tal vez Amós Oz representaba demasiado a la izquierda sionista clásica, y al escritor asquenazí, blanco, rubio, de ojos azules y varón, es decir, a la cultura hegemónica contra la que un gran número de intelectuales comienza a alzarse.

Las novelas de finales de los años ochenta y de los noventa que salen del espacio geográfico del kibutz y se trasladan a una ciudad y al espacio temporal de los años 80, con personajes protagonistas cansados y envejecidos como los de Conocer a una mujer, Fima y No digas noche, fueron las más duramente atacadas: «Más o menos entre Un Descanso verdadero y El mismo mar hubo quince años en los que casi se alcanzó un consenso, no solo entre los críticos literarios, también en los departamentos de literatura, para marginar mis obras o acabar con ellas. Digamos que Conocer a una mujer o No digas noche fueron libros que destruyeron de principio a fin» 37.

El rotundo éxito de Una historia de amor y oscuridad (2002), tanto dentro como fuera de Israel, representa otro punto de inflexión en su carrera literaria: la crítica lo alaba de forma indiscutible y el público lo lee apasionadamente en hebreo, español, inglés, francés, alemán, ruso, chino, árabe, italiano, serbio, portugués, turco, polaco, lituano, coreano, búlgaro, danés, croata, rumano, húngaro, etc.

Pero el cambio, al menos por lo que significa personalmente para su autor, se inicia tres años antes, con la publicación de El mismo mar (1999). En este libro, los poemas en prosa y la poesía se entrelazan en la narración con algunos textos en prosa. Se trata también de un texto metaliterario, en el que el autor habla del narrador y de los personajes del libro, e incluso describe al narrador pensando a qué viene una historia así, «escrita en verso/ e incluso, a veces, con rima», y preguntándose por qué, a esas alturas de su vida, con hijos, nietos y varios libros a sus espaldas, «¿de pronto/ va a volver a escribir poemas? ¿Como en los horribles días/ de su juventud, cuando se escapaba para estar solo por las/ noches en la sala de lectura del kibutz y llenaba páginas/ y páginas con gemidos de chacal?» 38. De todas sus obras, esta es la que su autor más admira, tal vez porque, ya desde pequeño, empezó a escribir poemas y, aunque en el kibutz Hulda abandonó la poesía y comenzó a escribir solamente relatos y novelas, en varias ocasiones ha declarado que le habría gustado ser poeta. Y no es casual que los autores que más veces aparecen citados en sus obras, además de prosistas como Brenner o Agnón, sean los grandes poetas hebreos del siglo xx: Hayim Nahman Bialik, Natan Alterman o Yehuda Amijai. Además, en algunas de sus novelas, Oz inserta poemas escritos por diferentes personajes, como los del poeta Zefaniah Bet Halahmi, cuyo nombre ya ha sido olvidado por todos, en Versos de vida y muerte; o los de Rubén Harish, el poeta local de Metzudat Ram, el kibutz donde se desarrolla la acción de Quizás en otro lugar; y muchos otros personajes de sus obras son también poetas, como Ezra Zussman, de No digas noche, o el protagonista de Fima, que publicó un libro de poemas y después guardó silencio, o Gideon, el niño que escribe poemas tristes en Tierra de chacales, o el joven poeta Yuval Dahán, de Versos de vida y muerte.

Amós Oz destaca esta obra por encima de todas las que ha escrito, porque en ella, dice, «hay lugares en los que jamás había estado. No solo respecto al lenguaje y a las palabras, también respecto al terreno en donde me metí» 39, además de ser el único libro que ha seguido leyendo después de publicarse y sobre el que incluso impartió algún curso en la Universidad:

Leer una página que has escrito es un poco como oír tu voz en una grabadora: es extraño, embarazoso. Si alguna vez abro un libro mío, una de dos: o me frustra porque veo que ahora lo podría escribir mejor, o me frustra porque siento que ya jamás escribiré tan bien. En ambos casos me frustra, así que, ¿para qué voy a leerlo? La única excepción es El mismo mar, al que sí que vuelvo, porque no puedo creer que lo haya escrito yo. No lo siento como un libro mío. No sé de dónde ha salido. Pasó a través de mí y salió por el otro lado 40.

De algún modo, también Una historia de amor y oscuridad es una excepción, porque, desde su publicación, ha leído fragmentos de esta obra en numerosos actos públicos a los que ha sido invitado, ya que se trata, sin lugar a dudas, del libro más aclamado por la crítica y el público de toda su trayectoria literaria. Treinta y siete años después de publicarse Tierra de chacales, y treinta y dos años después de salir al mercado Mi querido Mijael, otra de sus obras más leídas y alabadas, Amós Oz publica esta novela autobiográfica con la que ha alcanzado un gran éxito mundial. En ella narra la historia de sus padres y de los padres de sus padres, una historia que, en cierto modo, es el reflejo de la historia de una parte importante de la población judía originaria de Europa que, con el auge del antisemitismo, se vio obligada a emigrar a Palestina. La familia de su padre Yehuda Arie, los Klausner, originarios de Lituania, emigraron en 1933 desde Vilna, y la familia de su madre Fania, los Mussman, emigraron desde Rovno, Polonia, ese mismo año, aunque ella estaba estudiando Historia y Filosofía en la universidad de Praga y emigró un año más tarde, en 1934. Sobre las sensaciones que pudo tener su madre al llegar a Palestina desde el rico y culto mundo en el que se había criado, se pregunta Oz en esta obra autobiográfica:

¿Cómo serían Tel Aviv y Jerusalén para alguien que había crecido en una casa señorial de Rovno y llegaba directamente del seno de la belleza gótica de Praga? ¿Cómo sonaría el hebreo hablado en esta tierra al oído refinado de la joven que traía consigo un hebreo impecable, aprendido en los libros en el instituto Tarbut, y que estaba dotada de gran sensibilidad lingüística? ¿Qué le dirían a mi joven madre las colinas de arena, los motores de las bombas de agua en los huertos, los pedregales, las excursiones arqueológicas, las ruinas de los lugares bíblicos y los restos de los asentamientos del Segundo Templo, los titulares del periódico Davar, los productos lácteos de Tnuva, los wadis, los vientos del desierto, las cúpulas de los monasterios rodeados de murallas, el agua fresca de las jarras, los recitales de acordeón y armónica, los conductores de autobús con pantalones cortos color caqui, el sonido del inglés, lengua de los gobernantes, los huertos sombríos, los minaretes de las mezquitas, las caravanas de camellos cargados de grava, los vigilantes hebreos, los bronceados pioneros de los kibutz, los albañiles con viseras viejas? ¿Sentiría rechazo o atracción por las tempestuosas noches de discusiones, divisiones, cortejos, por las excursiones de los sábados, el entusiasmo de la vida política, las conspiraciones de los miembros de la resistencia y sus simpatizantes, el reclutamiento de voluntarios para labores agrícolas, las noches azul oscuro salpicadas de aullidos de chacales y ecos de disparos lejanos 41?

La historia de sus padres, y también la suya propia hasta su llegada al kibutz Hulda, está entrelazada con los principales acontecimientos políticos y sociales de la época: los diferentes grupos de población, de distintos orígenes y distintas clases sociales, las diferentes ideologías, los diferentes mundos representados por Jerusalén, Tel Aviv y los kibutz, la lucha clandestina contra los británicos y, por supuesto, la aprobación del Plan de Partición de Palestina por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la creación del Estado de Israel y la consiguiente guerra de 1948. Posiblemente no se haya escrito una descripción tan hermosa de esa noche del 29 de noviembre de 1947, tras la victoria del sí en la ONU, como la que realiza Amós Oz en esta obra:

[…] al cabo de otros dos o tres segundos de aturdimiento, de bocas abiertas como de sed y ojos como platos, también nuestra calle perdida a un extremo de Kerem Abraham, al norte de Jerusalén, rugió de pronto con un primer y terrible grito que desgarró la oscuridad, los edificios y los árboles, y se fragmentó, un grito no de alegría, no se parecía en nada al clamor de la multitud en los estadios deportivos, no se parecía al desenfreno de una muchedumbre exaltada, tal vez era más como un alarido de terror y pavor, un grito trágico, un grito que hacía temblar las piedras, que helaba la sangre, como si todos los muertos del pasado y del futuro hubieran podido por un instante gritar a través de un diminuto ventanuco cerrado de inmediato, y un momento después, el primer grito de terror dejó paso a clamores de alegría y a una mezcla de bramidos roncos […] y ya nada estaba prohibido y salté dentro de los pantalones pero olvidé la camisa y el jersey y fui lanzado desde la puerta a la calle y la mano de algún vecino o de un desconocido me alzó para que no me aplastaran y me fueron pasando, volando de mano en mano, hasta que aterricé en los hombros de mi padre junto a la puerta de nuestro patio: mi padre y mi madre estaban abrazados, aferrados el uno al otro como dos niños perdidos en un bosque, jamás los había visto así antes de esa noche y no volví a verlos así después, y por un instante estuve en medio de su abrazo y al cabo de un rato volví a los hombros de mi padre y él, mi instruido y educado padre, estaba allí gritando con todas sus fuerzas, no eran palabras ni juegos de palabras ni consignas sionistas ni exclamaciones de alegría sino un largo y desnudo grito como anterior a la invención de las palabras. […] y mi padre, que no sabía cantar o que tal vez tampoco se sabía la letra de esas canciones, mi padre no estaba callado sino lanzando con todas sus fuerzas ese largo grito a pleno pulmón aaaahhhh y cuando se le acabó el aire inspiró de nuevo, como si se estuviera ahogando, y aquel hombre siguió gritando, aquel hombre que quería ser un gran catedrático y podría haberlo sido y que ahora era todo él un aaahhhh.

[…] Y al amanecer, a una hora a la que jamás se le permitía a un niño no llevar ya mucho tiempo durmiendo, hacia las tres o las cuatro, me metí vestido debajo de mi manta a oscuras. Y al rato la mano de mi padre levantó mi manta a oscuras […]. Mi padre se acostó a mi lado un rato y guardó silencio […]. Entonces alargué la mano adormecida para tocarle la cara, por debajo de su amplia frente, y de pronto en lugar de las gafas mis dedos encontraron lágrimas. Jamás en mi vida, ni antes ni después de aquella noche, ni siquiera cuando murió mi madre, había visto llorar a mi padre. Y de hecho tampoco esa noche lo vi: la habitación estaba a oscuras. Sólo mi mano izquierda lo vio 42.

Ese padre que aquella noche lo acarició en silencio, como si en la oscuridad se hubiese convertido en su madre, es en cierto modo el destinatario de esta novela autobiográfica, pues, como el propio Amós Oz ha declarado, la escribió para reconciliarse con él. Sin embargo, es la figura de su madre la que ocupa el lugar más destacado, y su presencia y posterior ausencia recorren toda la obra, que concluye con estas palabras:

Mi madre decidió dormir esa noche vestida y, para asegurarse de que no volvería a despertarse y a pasar otra noche de tormento en la cocina, se sirvió un té del termo que le había dejado su hermana a la cabecera de la cama, esperó a que se enfriase un poco y, cuando se enfrió, se tomó con el té sus pastillas para dormir. […] un poco antes de la puesta de sol llamaron a una ambulancia y dos camilleros la levantaron con delicadeza para no perturbar su sueño, pero tampoco en el hospital quiso obedecerlos y, a pesar de que intentaron por todos los medios perturbar su placentero sueño, ella no hizo caso a nadie, tampoco al especialista del que había aprendido que la mente es el peor enemigo del cuerpo, y no se despertó por la mañana, tampoco cuando clareó el día y entre las ramas del ficus del jardín del hospital el pájaro Elisa la llamó sorprendido y la llamó de nuevo y la llamó en vano y pese a todo lo intentó una y otra vez y aún sigue intentándolo a veces 43.

La madre no quiso despertar de su sueño, no quiso escuchar la llamada del pájaro al amanecer, porque aquella mujer que «vivía entre los Klausner como un pájaro encerrado en una jaula colgada en el salón de una familia de gatos con botas» 44 solo podía liberarse permaneciendo para siempre sumergida en sus sueños, en sus cuentos, en sus bosques nevados y en sus fantasías de amor. Y la madre ha seguido vagando por esos bosques nocturnos en las páginas escritas por Amós Oz, y en ellas ha seguido cantando constantemente ese pájaro que llama desde una rama al amanecer o al anochecer. La madre nunca ha sido olvidada, nunca ha sido abandonada, como tampoco puede ser abandonada Nadia Danon en El mismo mar:

Abandonarla, dices, es fácil decirlo,

abandonarla como un piloto de combate

que abandona un avión

sin control o en llamas. ¿Pero cómo se salta

de un avión caído, hecho pedazos y oxidado

o hundido en las profundidades del mar 45?

Una historia de amor y oscuridad es una novela autobiográfica que comienza con la descripción de la casa donde nació y creció el pequeño Amós y termina con la muerte de su madre, sin embargo, muchos de los personajes y lugares que aparecen en ella, incluso frases, sonidos u olores, son recurrentes en todas sus obras, porque, como él mismo afirmó, «todas las historias que he escrito son autobiográficas» 46. Y es que los chacales que aullaban por las noches a las afueras del kibutz Hulda, aúllan también en los relatos de Tierra de chacales o en Un descanso verdadero; los fantásticos cuentos que le contaba su madre de niño están presentes en Mi querido Mijael; el terror que siente por las noches el protagonista del relato «Un niño pequeño», de Entre amigos, es el terror que sintió él mismo y que sintieron también sus hijas en la casa de los niños del kibutz; el amor de su padre por los libros y la lengua hebrea puebla las páginas de Una pantera en el sótano; la tensión de los últimos días del Mandato británico se siente en La colina del mal consejo; el sueño eterno que anhela su madre es el mismo que desea Teo, en No digas noche, cuando se imagina durmiendo entre las sombras serenas de un valle en el que no hay nada, salvo un manantial, un bosque y un pájaro, y se pregunta por qué ha de querer despertarse; el viaje que inicia tras la muerte de su madre es el que inicia también Riko, el protagonista de El mismo mar, que está buscando en las montañas a la madre que ha salido a la mar; las acusaciones de traición vertidas contra él son las mismas que se lanzan contra Profi, el protagonista de Una pantera en el sótano, y contra los personajes de Judas, su última novela; las preguntas que periodistas y entrevistadores le han realizado reiteradamente son las mismas que le hacen a «el autor», el protagonista de Versos de vida y muerte; y el fanatismo imperante en la sociedad israelí, y en el resto del mundo, es también el que mueve a los personajes del relato «Hasta la muerte» a unirse a las Cruzadas para conquistar Jerusalén.

4.Las últimas obras, los últimos años

Tras el rotundo éxito de Una historia de amor y oscuridad, tarda varios años en publicar otra novela, pero salen al mercado dos libros de ensayos, de los que no hay traducción: Be’etzem yesh kan shtei milchamot (2002) y Al midronot har ga’ash (2006), y también un libro para niños en 2005, que apareció un año después traducido al español: De repente en lo profundo del bosque. A partir de 2007 vuelve a publicar novelas y libros de relatos: Versos de vida y muerte (2007), donde se describe una jornada en la vida de un escritor de éxito que acude a una velada literaria con motivo de la presentación de su último libro, Escenas de la vida rural (2009), relatos en los que se plasma la decadencia del mundo rural y de sus habitantes y Entre amigos (2012), un hermoso libro de relatos en los que el autor vuelve a las narraciones del kibutz con las que comenzó su trayectoria literaria. Sobre este libro dice Oz: «cuando salió Entre amigos, hace cinco o seis años, pensé que sería la última obra en prosa que iba a escribir, porque con Judas estaba estancado, no podía continuar. Y, aunque en la cubierta de Entre amigos puse el mismo dibujo del kibutz que había en la primera cubierta de Tierra de chacales, la distancia entre esos relatos del kibutz y los primeros relatos del kibutz es grande, incluso muy grande. En Entre amigos yo cuento las historias casi susurrando, en comparación con Tierra de chacales» 47.

En 2013, al año siguiente de publicarse Entre amigos, Amós Oz se traslada a Tel Aviv, donde trabaja, en colaboración con su hija Fania Oz-Salzberger, en el libro Los judíos y las palabras (2014) y, después de cinco años desde que la comenzara, termina de escribir Judas (2014), la que sí sería su última novela. En esta obra, regresa a la Jerusalén de finales de 1959 y retoma el tema de la traición, ya tratado anteriormente en novelas como Una pantera en el sótano. La obra gira casi por completo en torno a la traición: 48 la traición de Shmuel Ash a su familia por haber dejado los estudios y porque, ya desde pequeño, «soñaba con que tenía otros padres» 49, la traición de Shaltiel Abravanel «porque siempre se relacionaba amigablemente con árabes» 50 y, por supuesto, la traición de Judas Iscariote, personaje sobre el que Ash está realizando un trabajo de investigación en el que pretende demostrar la fidelidad de Judas hacia Jesús:

Qué irónico resulta, escribió Shmuel en su cuaderno, que el primer y último cristiano, el único cristiano que no abandonó a Jesús ni por un instante y que no lo negó, el único cristiano que creyó en la divinidad de Jesús hasta su último momento en la cruz, el cristiano que creyó hasta el final que Jesús descendería de la cruz ante toda Jerusalén y ante el mundo entero, el único cristiano que murió con Jesús y que no lo sobrevivió, el único al que realmente se le rompió el corazón cuando murió Jesús, precisamente él sea considerado por cientos de millones de personas en los cinco continentes y durante miles de años el judío más indiscutible. Y el más abominable y despreciable. La encarnación de la traición, la encarnación del judaísmo y la encarnación de la relación existente entre judaísmo y traición 51.

La traición y el fanatismo son temas recurrentes también en sus libros de ensayo, como, por ejemplo, en Queridos fanáticos (2017), en donde el autor afirma:

Con el tiempo fui encontrando consuelo al pensar que, para los fanáticos, traidor es todo aquel que se atreve a cambiar. Los fanáticos de cualquier clase, de cualquier tiempo y cualquier lugar, aborrecen y temen los cambios, y sospechan que los cambios no son más que una traición originada por motivos oscuros y sórdidos 52.

En 2018 se publica ¿De qué está hecha una manzana?, una obra en la que Oz, de una forma íntima y personal, conversa con su editora israelí, Shira Hadad, sobre su infancia, su vida en el kibutz, sus maestros, su labor como profesor, las mujeres y el feminismo, la paternidad, el amor, la muerte y, por supuesto, sobre literatura. La edición hebrea tiene un subtítulo muy revelador: Seis conversaciones sobre escritura, amor, remordimientos y otros placeres. La edición española de este libro, el último que se publicó en hebreo en vida del autor, salió en 2019, pocos meses después de su fallecimiento en Tel Aviv, el 28 de diciembre de 2018.

5.La literatura de Amós Oz en España

Las publicaciones de literatura hebrea contemporánea en España se inician inmediatamente después de serle otorgado a Shmuel Yosef Agnón el Premio Nobel de Literatura, en 1966. Un año más tarde, se publica por primera vez a Agnón 53 en español: En el corazón de los mares, Plaza y Janés, Barcelona, 1967, tr. del alemán, Ángel Sabrido y Martín Ezcurdía. Título original hebreo: Bi-lvav yamin 54 (1935); Huésped para una noche, Plaza y Janés, Barcelona, 1967, tr. del alemán, Ana María de la Fuente. Título original hebreo: Oreach natah lalun (1939); Juramento de fidelidad. Edo y Enam, Plaza & Janés, Barcelona, 1967, tr. del inglés, Adolfo Martín. Título original hebreo: Shevuat emunim (1943). Edo ve-Enam (1950). Dos años después se publica una de sus novelas más emblemáticas, Ayer y Anteayer, Plaza y Janés, Barcelona, 1969, tr. del alemán, Etty Elkin de Höter. Título original hebreo: Tmol shilshom (1945). Hasta bien entrados los años ochenta, lo más habitual es que las traducciones no se realicen del original hebreo, sino de otros idiomas, sobre todo del inglés, aunque también, como en el caso de Agnón, del alemán.

Seis años después de salir al mercado editorial español la primera obra de la literatura hebrea contemporánea, se publica por primera vez un libro de Amós Oz, El meu Mikhael, Proa, Barcelona, 1973, tr. del hebreo, Eduard Feliu. Título original: Michael sheli (1968). Es una traducción realizada desde el original hebreo al catalán 55 por Eduard Feliu 56, quien un año más tarde publicará la versión en español de esta misma novela: Mi marido Mikhael, Aymá, Barcelona, 1974.

Desde que Amós Oz comenzara a publicar, en 1965, hasta la actualidad, se han editado en hebreo un total de treinta y un libros: veinte de narrativa, diez de ensayos y uno de conversaciones. Toda su obra en prosa, libros de relatos y novelas, ha sido traducida al español, así como su último libro de conversaciones. Sin embargo, solo se han traducido cuatro de sus libros de ensayos, además de Contra el fanatismo, una recopilación de conferencias pronunciadas en inglés, que no se ha publicado en hebreo.

Hasta 1998, año en el que yo comencé a colaborar con la editorial Siruela traduciendo toda la obra literaria de Amós Oz, se publicaron siete títulos: seis novelas y un ensayo. Además de la ya mencionada novela, traducida al catalán y al español desde el original hebreo, se publicaron Las mujeres de Yoel, Grijalbo, Barcelona, 1990, tr. del hebreo, Teresa Martínez. Título original: Lada’at isha (1989); Tocar el agua, tocar el viento, Pomaire, Barcelona, 1980, tr. del inglés, Eduardo Goligorsky. Título original hebreo: Laga’at ba-mayim, laga’at ba-ruach (1973); Soumchi, Alfaguara, Madrid, 1985, tr. del inglés, Miguel Martínez-Lage. Título original hebreo: Soumchi (1978); La caja negra, Grijalbo, Barcelona, 1989, tr. del inglés, Gracia Rodríquez. Título original hebreo: Kufsa shchora (1987) 57 y La tercera condición, Seix Barral, Barcelona, 1993, tr. del inglés, Pilar Giralt. Título original hebreo: Ha-matzav ha-shlishi (1991). De estas obras, cuatro han sido traducidas de nuevo y editadas por Siruela, dos de ellas publicadas con un título diferente: Mi querido Mijael (2005); Fima (2007), anteriormente publicada con el título La tercera condición; Conocer a una mujer (2012), anteriormente titulada Las mujeres de Yoel, y Tocar el agua, tocar el viento (2016). También sale al mercado el libro de ensayos Las voces de Israel: Una controversia entre la vida y la muerte, Muchnik, Barcelona, 1986, tr. del inglés, Ángela Pérez y José Manuel Álvarez Pérez. Título original hebreo: Po ve-sham be-Eretz Israel (1983).

Así pues, desde 1998, se han publicado en español un total de veintiséis obras de Amós Oz: cinco de ensayo, veinte de prosa y una de conversaciones personales, a las que hay que añadir las cuatro nuevas traducciones anteriormente mencionadas. Todos sus relatos y novelas, además de su último libro de ensayos, Queridos fanáticos (2018), han sido traducidos por mí del original hebreo y publicados por la editorial Siruela. En la misma editorial se han publicado también la recopilación de conferencias, Contra el fanatismo, Siruela, Madrid, 2003, tr. del original inglés, Daniel Sarasola. Título original: The Tubingen Lectures. Three Lectures (2003); La historia comienza: Ensayos sobre literatura, Siruela, Madrid, 2007, tr. del inglés, María Condor. Título original: Matchilim sipur (1996) y el libro en el que colaboró con su hija Fania Oz-Salzberger, Los judíos y las palabras, Siruela, Madrid, 2017, tr. del original inglés, Jacob Abecasís y Rhoda Henelde Abecasís. Título original: Jews and Words (2012).

Además de los libros traducidos del inglés, más arriba citados, se han editado los siguientes títulos de Amós Oz en España:

$No digas noche, Siruela, Madrid, 1998, tr. del hebreo, M. Lapides, S. de Pedro y R. García Lozano. Titulo original: Al tagidi layla (1994).

$Una pantera en el sótano, Siruela, Madrid, 1998, tr. del hebreo, M. Lapides, S. de Pedro y R. García Lozano. Titulo original: Panter ba-martef (1995).

$Un descanso verdadero, Siruela, Madrid, 2001, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Menucha nechona (1982).

$El mismo mar, Siruela, Madrid, 2002, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Oto ha-yam (1999).

$Una historia de amor y oscuridad, Siruela, Madrid, 2004, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Sipur al ahava ve-choshech (2002).

$Mi querido Mijael, Siruela, Madrid, 2005, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Título original: Michael sheli (1968).

$De repente en lo profundo del bosque, Siruela, Madrid, 2006, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Pit’om be-omek ha-ya’ar (2005).

$Fima, Siruela, Madrid, 2007, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Título original: Ha-matzav ha-shlishi (1991).

$Versos de vida y muerte, Siruela, Madrid, 2008, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Charuzei ha-chayim ve-ha-mavet (2007).

$Hasta la muerte, Siruela, Madrid, 2009, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Ad mavet (1971).

$Escenas de la vida rural, Siruela, Madrid, 2010, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Tmunot me-chayei ha-kfar (2009).

$La colina del mal consejo, Siruela, Madrid, 2011, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Har ha-etza ha-ra’a (1976).

$Conocer a una mujer, Siruela, Madrid, 2012, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Título original: Lada’at isha (1989).

$Entre amigos, Siruela, Madrid, 2013, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Bein Chaverim (2012).

$Quizás en otro lugar, Siruela, Madrid, 2015, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Makom acher (1966).

$Judas, Siruela, Madrid, 2015, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Ha-besora al-pi Yehuda (2014)

$Tocar el agua, tocar el viento, Siruela, Madrid, 2016, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Título original: Laga’at ba-mayim, laga’at ba-ruach (1973)

$Tierra de chacales, Siruela, Madrid, 2017, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Artzot ha-tan (1965).

$Queridos fanáticos, Siruela, Madrid, 2018, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Shalom la-kana’im: Shalosh machshavot (2017).

$¿De qué está hecha una manzana? Conversaciones con Shira Hadad, Siruela, Madrid, 2019, tr. del hebreo, Raquel García Lozano. Titulo original: Mima asuy ha-tapuach (2018).

Amós Oz es, sin lugar a dudas, el autor israelí más publicado y conocido en España, y el único cuya obra literaria completa, relatos y novelas, está traducida al español. El libro que le catapultó a la fama en España fue su novela autobiográfica Una historia de amor y oscuridad y, tres años después de publicarse la traducción española, obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, en 2007. Esta obra sigue siendo a día de hoy la más reeditada y, por tanto, la más leída y admirada por los lectores españoles y los hispanohablantes en general. En 2015 la editorial Siruela comenzó a publicar la Biblioteca Amos Oz, en la que se han editado los nuevos títulos y se están reeditado los que habían aparecido con anterioridad en otras colecciones. El primer número de la Biblioteca Amos Oz es, precisamente, Una historia de amor y oscuridad, con una traducción revisada y actualizada por mí, once años después de publicarse la primera edición en la colección Nuevos Tiempos.

6.Unas palabras en primera persona del singular

Hace veintiún años comencé a traducir al español la obra literaria de Amós Oz y, desde entonces, siempre ha estado acompañándome en mi mesa de trabajo, mirándome desde mi pequeño atril comprado en Jerusalén y situado a mi izquierda, debajo de la luz. Las letras hebreas de sus primeros libros eran tan pequeñas, en Israel la austeridad y el ahorro llegaba hace años también a las ediciones de los libros, que mis ojos se agotaban con el paso de las horas bajo la luz del flexo. Él se levantaba a las cuatro de la mañana y escribía, y yo traducía a última hora de la tarde y por la noche; seguro que alguna vez coincidimos en una madrugada, él con su nuevo libro y yo con el anterior o con otro que había escrito muchos años antes. Las obras más recientes me daban un respiro, tenían una letra más grande y más espacio interlineal, todo un lujo y un descanso para mis ojos. Tal vez él también necesitase con el paso de los años escribir y leer con un tamaño mayor en los caracteres hebreos. La verdad es que no lo sé, porque apenas hablé con él durante todos estos años, pero siempre hemos estado juntos, unidos en la distancia por las palabras, por la fascinante atracción de las palabras. Cuántas horas habremos pasado los dos buscando la palabra precisa, exacta, esa que sabes que existe pero que no aparece, que no despunta entre todas las palabras de la lengua hebrea y de la lengua española, y cuánta felicidad habremos compartido en la distancia al encontrarla por fin. Tal vez hayamos sentido el mismo abismo, él al comenzar a escribir un libro y yo al abrirlo, uno para llenar un vacío y otro para intentar extraer todo lo depositado en ese vacío y convertirlo en algo distinto e igual al mismo tiempo. Qué placer citar los versos de Bialik y de Amijai, mis dos poetas hebreos más queridos, ¿serían también los suyos?, aunque para mí fuese doblemente complicado insertarlos en sus obras. Serían realmente tan incomprensibles para él como para mí todas esas palabras rusas o polacas que, en sus obras, nos trasladan a mundos olvidados, perdidos, soñados; no, seguro que no, para él tendrían ecos familiares, resonarían como los ríos caudalosos y los aullidos de los lobos en los cuentos de su madre. Cuando insertaba frases bíblicas en los textos, que encajaban como piezas de un puzle creando un cuadro perfecto, y mantenía así completamente viva una lengua de hace treinta siglos, cuando combinaba los registros más elevados del hebreo moderno con versos de los Salmos o del Eclesiastés y con refranes y expresiones coloquiales con la habilidad de un relojero, ¿sería el lector hebreoparlante consciente de ello?, ¿y el lector hispanoparlante? ¿Percibirán los lectores esa cadena textual, esa «genealogía escrita» 58 que recorre las páginas de sus libros? Como un poeta, él ha buscado las palabras precisas, en el hebreo más actual y en el hebreo más antiguo, palabras cotidianas y palabras casi en desuso, para la creación de narraciones envolventes y fascinantes y también estremecedoras y trágicas, para aullar en unos casos y susurrar en otros, para escribir un relato, su relato, y para que nosotros leamos un relato, nuestro relato, porque «las palabras generan significados diferentes en diferentes oídos, épocas, culturas e idiomas» 59. Él ha escrito historias en hebreo, yo las he reescrito en español, no son idénticas esas historias, nunca podrían serlo, pero tengo la esperanza de que el mensaje arrojado por él al mar en una botella, desde el otro extremo del Mediterráneo, haya cruzado el mar y haya conseguido llegar a nuestras playas lo más intacto posible.

7.A modo de conclusión: lanzarse a un hermoso valle, a un abismo mullido, o la atracción de la palabras

Dos grandes autores de la literatura hebrea contemporánea escriben, con medio siglo de distancia, unas palabras sobrecogedoras que nos describen lo que significa la belleza, y la belleza de las palabras, cuando se está rodeado de fealdad, y de peligrosos riscos escarpados.

El sábado, 22 de agosto de 1914, estando preso en el Castillo de Karlstejn, en la República Checa, David Vogel escribe en su diario:

Cuando te asomas a la ventana y observas esa magnífica belleza, ese valle con sus casas blancas, el río que se desgaja y se divide y después se une y desaparece bajo la montaña, ese puente celeste, los dos caminos que se bifurcan y trepan serpenteando por las pendientes, las laderas de las montañas repletas de los árboles negros, se apodera de ti la sensación de que estás obligado a arrojarte a ese valle, pese a la certeza de que te harás pedazos, sólo para gozar, aunque solo sea en el instante de la caída, de toda esa belleza. Y cuando te vuelves después hacia las caras abominables de tus vecinos, se apodera de ti una enloquecedora desesperación 60.

Y en 1966, en su novela Quizás en otro lugar, Amós Oz utiliza esa misma imagen, el deseo de arrojarse al hermoso valle para disfrutar de su belleza aunque implique la muerte, para describir el acto de escribir:

El acto de escribir es como conducir un camión cargado por una pendiente abrupta y mareante. Pisas a fondo el freno, aprietas los dientes, tus sentidos están alerta y afilados como una navaja, de vez en cuando un escalofrío te recorre la espalda, como una risa maliciosa detrás de ti. Y a pesar de todo, y sin ninguna interposición, el abismo te atrae. Te incita a levantar el pie del freno. A lanzarte hacia un blando regazo. Te embruja con los hilos invisibles de un anhelo delirante. Así es la acción de las palabras 61.

Y más de cincuenta años después, vuelve a comparar el acto de escribir con el de conducir, pero, en este caso, para señalar los estragos que el paso del tiempo hace también en la escritura, cuando el escritor se hace más consciente y crítico, y el placer y el entusiasmo de la juventud van perdiendo fuerza. Lanzarse hacia el abismo sigue siendo atrayente, pero la prudencia obliga ahora a pisar el freno:

Escribir es como conducir todo el rato con un pie en el acelerador y el otro en el freno. El pie del acelerador está hecho de ingenuidad, de entusiasmo, de placer por la escritura. El pie del freno está hecho de autoconciencia y de autocrítica. Con los años, al hacerte más consciente de ti mismo y de lo que escribes, el pie del freno se vuelve más y más pesado, y el pie del acelerador, más y más dubitativo, y eso no es nada bueno, ni para el conductor ni para el vehículo 62.

Es muy posible que, por ese motivo, Amós Oz dejase de publicar relatos en los últimos años de su vida. Su debilitada salud tal vez le hizo sentir que había llegado el momento de dejar de conducir con tanta carga por carreteras tan peligrosas. Sin embargo, en esos últimos años, siguió alzando la voz contra el fanatismo en ensayos y conferencias, contra el fanatismo hacia el diferente, hacia el que piensa de modo distinto, hacia el que cambia de opinión y es considerado un traidor, hacia el que no sigue la corriente ideológica, política o social imperante en cada momento; contra todo tipo de fanatismo en todo tiempo y en todo lugar.

Su voz se apagó definitivamente el 28 de diciembre de 2018, cuando, por última vez, miró hacia atrás y se convirtió en libro, en estatua de sal.

Bibliografía

Hever, H., 1999, Sifrut she-nichtevet mi-kan: Kitzur ha-sifrut ha-israelit, Tel Aviv, Yedi’ot Acharonot-Sifrei Chemed.

Oz, A., 1979, Be-or ha-tchelet ha-aza, Tel Aviv, Sifriat Poalim.

— 1998a, No digas noche, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, M. Lapides, S. de Pedro y R. García Lozano.

— 1998b, Una pantera en el sótano, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, M. Lapides, S. de Pedro y R. García Lozano.

— 2001, Un descanso verdadero, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2002, El mismo mar, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2005, Mi querido Mijael, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2006, De repente en lo profundo del bosque, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2007, Fima, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2008, Versos de vida y muerte, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2009, Hasta la muerte, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2010, Escenas de la vida rural, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2011, La colina del mal consejo, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2012, Conocer a una mujer, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2013, Entre amigos, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2014, Entrevista realizada a Amos Oz por Kobi Meidan en el programa de televisión Chotzei Israel. Disponible en Internet: https://www.youtube.com/watch?v=FFVOI5f-BRw

— 2015a, Una historia de amor y oscuridad, Madrid, Siruela, 1.ª ed. 2004, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2015b, Quizás en otro lugar, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2015c, Judas, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2016, Tocar el agua, tocar el viento, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2017, Tierra de chacales, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2018, Queridos fanáticos, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2019a, ¿De qué está hecha una manzana? Conversaciones con Shira Hadad, Madrid, Siruela, tr. del hebreo, Raquel García Lozano.

— 2019b, Kol ha-chesbon od lo nigmar. Ha-hartza’a ha-acharona, Jerusalén, Keter.

Oz, A. y Oz-Salzberger, F., 2017, Los judíos y las palabras, Madrid, Siruela, tr. del original inglés, Jacob Abecasís y Rhoda Henelde Abecasís.

Vogel, D., 1990, Tachanot Kavot, Tel Aviv, Hakibbutz Hameuchad/Siman Kriah.

1. Oz, 2019a, 111. Todos los textos de Amós Oz citados en este artículo, si no se especifica lo contrario, están tomados de las primeras ediciones de sus obras, publicadas en las colecciones Libros del Tiempo, Nuevos Tiempos y Biblioteca Amos Oz, de la editorial Siruela, y traducidas por mí.

2. En su última conferencia, pronunciada el 3 de junio de 2018, Amós Oz insiste en esta misma idea: «Si añoras profundamente tu infancia y el paisaje de tu infancia, o el paisaje de la infancia de tus padres, ponte a escribir El palio nupcial o Huésped para una noche, como hizo Agnón sobre Buczacz», «escribe un libro. Haz una película. Escribe una obra de teatro. Escribe un ensayo. Busca lo que se te perdió en el tiempo y no en el espacio físico, porque no se te perdió en el espacio, se te perdió en el tiempo». Cf. Oz, 2019b, 19. Esta conferencia será publicada próximamente en la editorial Siruela.

3. Todas las fechas que aparecen entre paréntesis hacen referencia a la fecha de edición del original hebreo.

4. Oz, 2015a, 33. Las citas de Una historia de amor y oscuridad están tomadas de la edición revisada que se publicó en 2015 en la Biblioteca Amos Oz, de la editorial Siruela.

5. Ibid., 359.

6. Ibid., 69.

7. En Una pantera en el sótano, Profi, el niño protagonista, describe detalladamente la biblioteca de su padre. Cf. Oz, 1998b, 117-126.

8. Oz, 2015a, 34.

9. Ibid., 35.

10. Ibid., 9-10.

11. Ibid., 193.

12. Ibid., 42.

13. Ibid., 391.

14. Oz, 2019a, 167.

15. Oz, 2015a, 384.

16. Idid., 509-510.

17. Oz, 2005, 241.

18. Ibid., 246.

19. Oz, 2015a, 12-13.

20. En el relato titulado «Padre», del libro Entre amigos, 2013, el profesor David Dagan, refiriéndose a un niño recién llegado al kibutz que no logra desvincularse de su familia, dice: «Cuando nosotros llegamos a esta tierra, sencillamente dejamos atrás a nuestros padres. Cortamos por lo sano y punto», p. 54.

21. Oz, 2017, 19.

22. Oz, 2001, 53-54.

23. Ibid., 29.

24. Oz, 2017, 66.

25. Ibid., 50.

26. Oz, 2019a, 23.

27. Oz, 2015a, 591.

28. Hever, 1999, 10.

29. Oz, 2009, 80.

30. Ibid., 81.

31. Ibid., 126.

32. Aunque la amenaza de la guerra está latente en «Amor tardío» y sobre todo en Un descanso verdadero, Oz no habla de forma explícita en sus relatos y novelas de las guerras y sus consecuencias. Por eso, en el prólogo del libro de ensayos publicado en 1979, Be-or ha-tchelet ha-aza, afirma: «Tal vez la mayoría de las cosas que parecen en este libro sean sustitutos de los relatos que no conseguí escribir».

33. Oz, 1998a, 35.

34. Oz, 2019a, 115.

35. Ibid., 116.

36. De estas cuatro obras, solamente una está traducida al español: Matchilim sipur (1996); La historia comienza: Ensayos sobre literatura, Siruela, Madrid, 2007, tr. del inglés, María Condor. Otras dos se pueden leer en inglés: Mi-Mordot Ha-Levanon (1987); The slopes of Lebanon, San Diego: Harcourt Brace Jovanovich, 1989, tr. del hebreo, Maurie Goldberg-Bartura, y Shtikat Ha-Shamayim: Agnon Mishtomem Al Elohim (1993); The silence of heaven: Agnon’s fear of God, Princeton University Press, Princeton, NJ: 2000, tr. del hebreo, Barbara Harshav. Y la cuarta no ha sido traducida: Kol Ha-Tikvot: Machshavot Al Zehut Isra’elit (1998).

37. Oz, 2019a, 133.

38. Oz, 2002, 68.

39. Oz, 2019a, 156.

40. Ibid., 28-29.

41. Oz, 2015a, 255-256.

42. Ibid., 470-474.

43. Ibid., 697-698.

44. Ibid., 249.

45. Oz, 2002, 197.

46. Oz, 2015a, 45.

47. Oz, 2019a, 156.

48. En una entrevista en la televisión israelí, concedida el 3 de noviembre de 2014 a Kobi Meidan, Amós Oz puntualiza que, además de la traición, hay que destacar en este libro «un milagro»: que tres personas completamente distintas pasen juntas tres meses de crudo invierno en una casa agobiante y acaben amándose. Disponible en Internet: https://www.youtube.com/watch?v=FFVOI5f-BRw.

49. Oz, 2015c, 250.

50. Ibid., 223.

51. Ibid., 193.

52. Oz, 2018, 23-24.

53. En las ediciones publicadas por Plaza y Janés, el nombre de este autor aparece como S. J. Agnon. Las transcripciones de los nombres hebreos varían ligeramente, sobre todo en aquellos casos en los aparecen las consonantes hebreas ḥet y ḵaf, como en el apellido del poeta Yehuda Amihai o Amijai, o en el título de la obra Mi marido Mikhael, Michael sheli o Mi querido Mijael. Así mismo, por influencia de otros idiomas, es habitual que en las ediciones españolas se prescinda de la tilde diacrítica, como en el caso Agnón y Amós Oz. Es por esto que, en este artículo, junto al nombre de Amós Oz, se menciona la Biblioteca Amos Oz, sin tilde en el nombre del autor.

54. Para las transcripciones de los títulos hebreos se ha seguido el sistema utilizado por The Institute for the Translation of Hebrew Literature, encargado de promocionar la literatura hebrea en todo el mundo desde 1962.

55. En los últimos años se han traducido al catalán otros siete títulos de Amós Oz: El mateix mar, Proa, Barcelona, 2002, tr. del hebreo, Manuel Forcano; La bicicleta d’en sumkhí, Cruïlla, Barcelona, 2003, tr. del hebreo, Roser Lluch; Inesperadament al fons del bosc, RBA, Barcelona, 2006, tr. del hebreo, Roser Lluch; Una història d’amor i de foscor, La Magrana, Barcelona, 2007, tr. del hebreo, Roser Lluch; Contra el fanatisme, La Magrana, Barcelona, 2007, tr. del inglés, Ernest Riera; La muntanya del mal consell, La Magrana, Barcelona, 2012, tr. del inglés, Nuria Pares Sellares y La caixa negra, La Magrana, Barcelona, 2018, tr. del inglés, Nuria Pares Sellares.

56. Además de esta obra de Amós Oz, Eduard Feliu fue también pionero al traducir del hebreo al catalán al poeta Yehuda Amijai, Antologia de Yehuda Amihai, Proa, Barcelona, 1972.

57. Estas dos últimas obras son las únicas de Amós Oz que, después de adquirir la editorial Siruela los derechos para publicar su obra completa en español, se han reeditado sin hacer, por el momento, nuevas traducciones. En la primera se cambió levemente el título, La bicicleta de Sumji, y el de la segunda se mantuvo igual, La caja negra.

58. Oz y Oz-Salzberger, 2017, 64.

59. Ibid., 120.

60. Vogel, 1990, 312. La traducción es mía.

61. Oz, 2015b, 81.

62. Oz, 2019a, 32.

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