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Una aproximación crítica al ciclo de Abraham en la literatura hispanoamericana contemporánea *

A Critical Approach to the Abraham Cycle in Recent Hispanic-American Literature

Guadalupe Seijas de los Ríos-Zarzosa

gseijas@ucm.es

Universidad Complutense de Madrid

ORCID: 0000-0003-3673-5060

Recibido: 17-1-2020 | Aceptado: 23-6-2020

http://dx.doi.org/10.30827/meahhebreo.V69i0.1046

Resumen

La Biblia ha sido fuente de inspiración en todo tipo de manifestaciones artísticas. Su impacto en cada época y lugar es el objeto de la disciplina de los Estudios bíblicos culturales. Desde esta perspectiva, en este artículo se aborda la reescritura del ciclo de Abraham en la novela Sara de Sergio Ramírez (2015), prestando especial atención a la construcción de los personajes, al papel del narrador y al empleo de la intertextualidad. Sara es presentada como una mujer de acción, que critica el poder y reclama espacios de libertad. El pasado de los relatos bíblicos y el presente del autor se conjugan en esta obra para dar paso a una interpretación construida desde concepciones propias de una mentalidad contemporánea como el cuestionamiento de la divinidad, el predominio de la razón o el feminismo. A través del narrador, el autor interpela al lector construyendo un texto sugerente, a caballo entre la tradición y la innovación. Desde la mirada de una mujer Ramírez recrea, transforma e inventa los relatos bíblicos, mostrando la vigencia de la Biblia como generadora de cultura.

Palabras clave: Reescritura bíblica; Recepción de la Biblia; Estudios bíblicos culturales; Génesis.

Abstract

The Bible has been a source of inspiration for many types of artistic expressions, and its impact on different places and times is the subject of discipline, Cultural Biblical Studies. From this point of view, this article analyzes the retelling of the Abraham Cycle in the novel Sara from Sergio Ramírez (2015) through the construction of the characters, the role of the narrator and the use of intertextuality. In the novel, Sara is a woman of action, who criticizes the status quo and demands spaces of freedom. The past tense of the biblical narrative and the present tense of the autor are combined to offer a new interpretation based on a contemporary mentality that questions divinity and emphasizes the predominance of reason and feminism. Through the narrator, the author questions the reader and creates an intriguing text between tradition and innovation. From the point of view of a woman, Ramirez recreates, transforms, and invents the biblical texts, showing that the Bible is still an active creator of culture.

Keywords: Biblical retelling; Bible reception; Biblical cultural studies; Genesis.

* La elaboración de este trabajo ha sido posible gracias a la financiación del Proyecto de Investigación Santander-Universidad Complutense de Madrid, convocatoria 2019 (PR87/19-22535: Transmisión y Recepción de la Biblia: Textos e Iconografía). Se ha optado por mantener los nombres de los personajes bíblicos tal y como aparecen en la novela Sara (Abraham, Cetura) en vez de los nombres castellanizados (Abrahán, Quetura).

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Seijas de los Ríos-Zarzosa, G. (2020), Una aproximación crítica al ciclo de Abraham en la literatura hispanoamericana contemporánea. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos. Sección Hebreo, 69: 77-94. doi: 10.30827/meahhebreo.V69i0.1046

La Biblia ha sido leída y comentada incesantemente, siendo fuente de inspiración de todo tipo de manifestaciones artísticas. A lo largo de los siglos, los pasajes bíblicos, temas y personajes han sido objeto de un proceso dinámico de interpretación y representación en la literatura, la música, las artes plásticas y el cine porque, como afirma Northon Frye: «La Biblia constituye claramente un elemento importante de nuestra tradición imaginativa, más allá de lo que aceptemos creer de ella» (N. Frye 2001:18). Este tipo de estudios, que se caracteriza por una marcada impronta multidisciplinar y cuenta con una larga tradición 1, recibe el nombre de Historia de la recepción de la Biblia y más recientemente se conoce como Estudios bíblicos culturales.

Esta línea de investigación se centra en analizar la interpretación y el impacto de los textos bíblicos en las distintas épocas, teniendo en consideración la conexión que se establece entre el lector (en el caso de los textos escritos) o el observador (en el caso de las obras artísticas) y la Biblia. La recepción ha de entenderse, por tanto, como un proceso en continuo progreso, cuyo avance toma como punto de partida comprensiones y recepciones previas. Por esto Brennan Breed acuñó el término de «textos nómadas» (2014:190), pues desde sus orígenes hasta el presente han sido objeto de movimiento y cambio.

J. Cheryl Exum, una de las figuras clave en el desarrollo de los Estudios bíblicos culturales, afirma: «Not only will our knowledge of the biblical text influence the way we view, say, a painting of a biblical scene, our reading of the biblical text is also likely to be shaped by our recollection of the painting» (2012:190). Se produce, por consiguiente, una interacción de doble dirección: del texto bíblico a la imagen o reescritura y de estas hacia una nueva comprensión del texto bíblico. Aunque su artículo aborda el diálogo entre la Biblia y la pintura de caballete, la autora indica que sus observaciones son igualmente válidas en otras formas del arte visual, música o reescrituras literarias (‘retelling’).

Dentro de esta tradición de re-interpretación de los textos bíblicos el investigador se enfrenta a la tarea de describir el proceso creativo que aúna tradición e innovación, así como el uso, impacto e influencia de los motivos y personajes bíblicos en la discusión de cada momento, puesto que el contexto cultural de cada época influye en la forma en que la Biblia es leída y comprendida. Son múltiples las posibilidades que se despliegan ante los autores: reescribir las historias rellenando lagunas, ampliando los temas y profundizando en la sicología de los personajes; contar la historia desde una perspectiva distinta o transformar las historias desafiando y subvirtiendo las normas asumidas (S. Dickinson 2014:107).

Gregorio del Olmo Lete distingue entre temas y arquetipos en su estudio sobre la influencia de la Biblia en la literatura occidental 2. Los temas se refieren a las reescrituras y reelaboraciones que adoptan un mayor o menor grado de fidelidad con respecto al relato bíblico. Los arquetipos, en cambio, son respuestas creativas donde el relato bíblico «despliega toda su fuerza en la interpretación de la situación presente y su reformulación en discurso moderno». Además de la reescritura y el arquetipo, hemos de mencionar la intertextualidad, que permite al escritor transformar el significado del texto y dotarlo de nuevos matices al vincularlo con otros pasajes bíblicos.

Por sus características, los relatos bíblicos ofrecen numerosas posibilidades al autor. Son concisos y escasean las digresiones que se apartan del hilo principal de la trama. Se producen cortes en la narración, que dejan al lector deseoso de saber más al respecto. Por otra parte, la aparición en escena de muchos personajes está supeditada al desarrollo de los acontecimientos, por lo que entran y salen del relato rápidamente 3. Se emplean pocos adjetivos y la descripción de los personajes solo se explicita cuando es imprescindible para comprender el episodio 4. Los personajes se construyen desde lo que dicen y hacen. Al lector contemporáneo le gustaría disponer de información de su apariencia física, pero sobre todo de sus pensamientos, preocupaciones y deseos para poder adentrarse en su mundo interior. El aspecto sicológico de los personajes es especialmente relevante desde el siglo XIX en adelante y por ello, en sus recreaciones los escritores recurren al monólogo interior 5.

Todo ello convierte a la Biblia una obra atractiva para los escritores. Por citar algunos ejemplos de la literatura española podemos mencionar El viaje de Jonás (2002) de José Jimenez Lozano, Mi querida Eva (2006) de Gustavo Martín Garzo y Querido Caín (2006) de Ignacio García-Valiño, entre otros, y en el ámbito hispanoaméricano El infinito en la palma de la mano (2008) de Gioconda Belli, Las elegidas (2016) de Jorge Volpi y Sara de Sergio Ramírez, objeto del presente estudio 6.

Existen también obras de ficción que han dado voz a las matriarcas. Sin duda, la más conocida es La tienda roja de Anita Diamant, un auténtico ‘bestseller’. En ella Dina, la hija de Lía y Jacob, rememora el pasado de sus tías y de su madre y relata su vida en Egipto tras los terribles sucesos de Gn 34. Al igual que Sara, está escrito desde la perspectiva de una mujer que habla en primera persona.

El primer acercamiento a esta novela fue a propósito de la mujer de Lot 7. En la Biblia apenas se menciona. La alusión más extensa corresponde a Gn 19,26 donde se convierte en estatua de sal al mirar atrás. Tanto en el poema La mujer de Lot de Szymborska como en Sara de Sergio Ramírez hay una clara intención de construir el personaje literario, dando respuesta a las múltiples preguntas que se hace el lector sobre esta mujer de la que apenas tiene información. Este primer contacto me ha llevado a profundizar en la construcción de los demás personajes de la novela, el papel del narrador y el empleo de la intertextualidad a través de los cuales Sergio Ramírez recrea, amplía y transforma el relato bíblico.

1. El ciclo de Abraham

Los relatos que componen el ciclo de Abraham corresponden a Gn 12-25 8. Abraham es un anciano, dueño de grandes rebaños y jefe de un clan seminómada. Procede de Mesopotamia, de la ciudad de Ur, de donde parte –a instancias de la divinidad– en dirección a Harán y de allí a Canaán (Betel, Siquem). Después baja a Egipto y regresa de nuevo a Canaán (Hebrón, Bersheba, Mambré), donde se separa de su sobrino Lot. Tiene un hijo, Ismael, con Agar, la esclava de Sara, y más tarde, tiene otro con su esposa Sara, Isaac. Compra un terreno, la cueva de Macpelá, para enterrar a su mujer y donde más tarde también él será sepultado por sus hijos Isaac e Ismael.

Las tradiciones sobre Abraham entroncan con las de Isaac y Jacob-Israel, engarzadas en forma de genealogía cuyo hilo conductor es la promesa que Dios hace a este patriarca y a sus sucesores de convertirse en un gran pueblo y poseer una tierra. El poder de Dios se hace patente al salvar las dificultades y obstáculos que impiden su cumplimiento por lo que los episodios se suceden en un clima de dramatismo e incertidumbre. En el caso de Abraham los obstáculos son la ancianidad y esterilidad de Sara, los peligros que corre Sara ante el Faraón y Abimélec, la rivalidad entre los hijos de Abraham y la insólita petición de la divinidad de que sacrifique a Isaac.

La relación entre las tradiciones sobre Lot y las relativas a Abraham, que en el marco de los relatos patriarcales tienen un carácter secundario –expresado en la relación de parentesco sobrino-tío, en lugar de la más habitual de padre-hijo– adquiere en la novela unos vínculos muchos más intensos.

La exégesis tradicional, realizada mayoritariamente por varones, apenas ha reparado en las mujeres de la Biblia, salvo para reforzar las virtudes que deben adornar a las mujeres o como ejemplo de comportamientos pecaminosos que deben evitarse. Desde la segunda mitad del siglo XIX en adelante la comprensión de los pasajes en los que intervienen personajes femeninos se ha abierto a nuevos parámetros, destacando la importancia de las féminas en sí mismas y no en función de su contribución al protagonismo de los varones. Rescatarlas del olvido, visibilizarlas y valorar su aportación en la historia de la salvación entronca con la lucha de las mujeres por la igualdad y con los movimientos feministas 9.

2. La novela Sara de Sergio Ramírez

Para Sergio Ramírez 10 la Biblia es un texto que conoce y lee desde su infancia y que contiene multitud de historias, muchas de las cuales, por su brevedad, apenas están desarrolladas. Encuentra en ellas un potencial para desarrollar su escritura e imaginar lo que no está dicho. Ello le lleva a reescribir los episodios de los capítulos 12 a 23 del libro de Génesis con grandes dosis de libertad, aunque mantiene la localización espacial (Ur, Canaán y Egipto) y temporal primitivas (segundo milenio a.e.c.). Con anterioridad a la tarea de la escritura el autor ha realizado un importante trabajo de documentación 11, ocupándose con especial atención de los detalles de la vida cotidiana de este clan seminómada. También conoce los comentarios de los Padres de la Iglesia y las tradiciones rabínicas 12, que emplea como fuente de inspiración a partir de la cual construir nuevos desarrollos de los relatos, cuestión sobre la que volveremos más adelante.

El punto de partida es la identificación que se produce entre el autor y el personaje de Sara 13 con la que comparte el inconformismo, el sentido crítico y el humor. A partir de esta premisa reescribe los episodios bíblicos desde la mirada femenina de esta matriarca alterando el orden de los capítulos. La novela no comienza con el mandato divino que pide a Abraham que abandone su tierra (Gn 12) sino con un episodio posterior, la llegada de los tres seres misteriosos al campamento de Abraham (Gn 18) y concluye con la recreación del momento de su muerte (Gn 23). Entre ambos aparecen la entrega al Faraón primero y a Abimélec después, Agar y el hijo que tiene esta con Abraham, el nacimiento de su propio hijo y otros en los que el autor se aparta del relato bíblico, como la destrucción de Sodoma y el sacrificio de Isaac, en los que Sergio Ramírez concede un protagonismo inédito a Sara.

El autor nicaragüense aborda la reescritura con frescura y espontaneidad, pero también con ironía y sarcasmo que, en ocasiones, roza la irreverencia. Aunque él mismo sostiene que no se ha propuesto denunciar la sociedad patriarcal, son frecuentes las afirmaciones pronunciadas por varones (divinidad incluida) impregnadas de estereotipos machistas y/o misóginos: «Una mujer no sale de su casa sin permiso del marido» (p. 233), «¿por qué será que son así las mujeres, siempre en busca de la intriga y el enredo?» (p. 187), «mejor te callas porque las palabras necias de mujer siempre salen sobrando» (p. 234) o prejuicios conservadores: «y ustedes, a mi parecer son apenas unos niños; sin atreverse a agregar: y así como van vestidos, de manera tan provocativa, y las cabezas rapadas, estarán incitando a cualquiera a meterles mano» (p. 150).

2.1. Los personajes

Sara es la protagonista de la novela. Como si tuviera mucho que decir y Sergio Ramírez le hubiera dado la oportunidad de expresar lo que ha callado durante tanto tiempo. Este nuevo punto de vista permite observar los hechos desde otra perspectiva, concediendo un mayor espacio a los sentimientos y a la necesidad de verbalizar lo que pasa por la cabeza y lo que siente el corazón, desde la urgencia de ser escuchada y poder desahogarse. En Sara perviven el amargo recuerdo de la boda improvisada con Abraham, sin celebración ni convite; la decepción, la amargura y el sentimiento de haber sido usada y traicionada por su marido cuando la presenta como su hermana en Egipto; la angustia por no tener hijos y el dolor y los celos cuando entrega a su esclava a su marido. En Edith, la mujer de Lot, la compasión y el amor que siente por su amante la llevará a desobedecer la orden de no mirar atrás. Pero no sólo se trata de una mirada femenina que interpreta los acontecimientos de una forma distinta, se trata de una mirada femenina actual. Sara muestra un espíritu crítico que la lleva a discrepar y a cuestionar. No se resigna a aceptar el curso de los acontecimientos y actúa para alterar su desarrollo (cf. infra Gn 19 y 22), de ahí que reciba el apelativo de «la entrometida» e incluso «la incorregible». Se percibe así misma como una mujer independiente y con criterio propio. Podríamos decir que Sara es una mujer contemporánea que critica el poder 14 y reclama espacios de libertad. Una mujer que se sabe objeto de deseo por su belleza pero que también reclama el derecho de la mujer a sentir ese deseo 15. Precisamente la sexualidad se trata de forma desinhibida en el libro, especialmente en los episodios de Sodoma y Gomorra 16.

La primera alusión a Sara en el libro de Génesis se limita a mencionar su matrimonio con Abraham y su esterilidad (Gn 11,29-30). El autor nicaragüense construye un pasado previo ausente en la Biblia. Sus padres eran criados del padre de Abraham, la madre cocía panes y el padre se ocupaba de almacenar el trigo y la cebada (p. 26), pero contrajeron la lepra y se les expulsó del clan 17.

Otro elemento importante es la risa, cuyo origen está en relación con el anuncio del nacimiento de Isaac (Gn 18,12) y con el nombre del hijo, que proviene de la raíz צחק (reír). La referencia a la risa es habitual en otras reescrituras bíblicas 18 aunque en nuestra obra la risa presenta una gran variedad de matices. Unas veces es fresca y espontánea, fruto del sentido del humor, otras, por el contrario, es amarga y sarcástica. A través de la risa Sara muestra su inteligencia, ironía e independencia.

El personaje de Sara se contrapone al de Abraham 19, presentándolo como aficionado a los dados y con mala cabeza para los negocios. Su fe y obediencia proceden de un hombre sumiso y conformista, con pocas dotes de liderazgo y renuente a tomar decisiones por sí mismo. Un varón que no se atreve a contrariar a la divinidad, mucho menos a reclamar o a exigir. El autor lo caracteriza con el gesto de espantar con la mano una mosca que, a veces es real, a veces imaginaria y que le aporta un aura de hombre distraído e indeciso. A pesar de que Sara lo quiere, no puede evitar exasperarse con él y tildarlo de loco.

Por el contrario, Sara presenta una notable afinidad con el Tuerto, un personaje que no aparece en Génesis y que ella nombra así porque desconoce su nombre. Ambos comparten inconformismo, espíritu crítico y rebeldía. Es un varón distinto, como se deduce de su caracterización: vomita pichones, tiene los dedos de los pies como garras y su ropa está manchada con las cagarrutas blanquecinas de los pájaros. Aparece en distintos momentos –se une al grupo en el viaje a Egipto, aparece en Sodoma y busca al amante de Edith– y, como veremos, desempeña un papel destacado en dos momentos claves: el sacrificio de Isaac y la muerte de Sara. En realidad, el Tuerto es el mismo Satán que aparece en el libro de Job 20 y que actúa como «acusador»:

El tuerto es alguien que tiene acceso a la cocina de los más delicados decretos supremos del Mago, y ahora vemos que en lugar de cuadrarse y obedecer, se introduce de manera subrepticia en el aposento de Sara a fin de incitarla a partir de inmediato en pos de Abraham, a punto ya de terminar sus preparativos para encaminarse a cumplir el mandato que debe ejecutar en Moriah, y torcer así el curso de los hechos, tal como ha sido ordenado que deben ocurrir (pp. 226-27).

La mujer de Abraham irá comprendiendo que el Tuerto es un ser distinto, próximo a los enviados divinos, pero con una naturaleza discrepante 21. Y solo Sara se dará cuenta de ello. A través de la relación que mantienen con Sara, Sergio Ramírez construye otros personajes poco o nada desarrollados en la Biblia: Lot, su mujer y, en menor medida, sus dos hijas 22.

En la novela, Sara y Lot se conocen desde niños y estuvieron enamorados en la infancia. El matrimonio con Abraham puso un final a esa relación, pero los sentimientos de Lot no desaparecieron y en la posterior disputa por los pastos (Gn 13) subyace una relación de antagonismo y celos. Entre Sara y la mujer de Lot se establece una relación de complicidad, amistad y profundo cariño. En la Biblia el personaje de la mujer de Lot queda abierto a la imaginación del lector pues nada se dice de ella. Ramírez dota al personaje –al que pone el nombre de Edith– de una personalidad rica y compleja 23 . De una parte, establece entre ella y Sara una profunda y sólida amistad; de otra, se atreve a buscar en una relación extramarital el amor y el consuelo que su marido no le ofrece.

2.2. El Mago - Dios

El Mago es el nombre que Sara asigna al dios de Abraham porque tiene la habilidad de realizar acciones portentosas. Sara comprende mucho mejor que su marido la naturaleza cambiante e impredecible de esa divinidad que se aparece de forma inesperada a su marido adoptando apariencias diversas. Unas veces se muestra como un niño pastor (‘el Niño’), que imparte órdenes y se muestra despiadado 24; otras, como un anciano: «sobre su cabeza venerable un triángulo resplandeciente que despedía rayos en todas direcciones, la túnica blanca con bordados de oro, y el manto azul sembrado de estrellas diminutas; se sentaba en un augusto trono, y en su mano derecha empuñaba un pesado cetro…» (p.88) o como voz resonante similar al Trueno en el sacrificio de Isaac.

El Mago no solo es imprevisible, también es olvidadizo y caprichoso (p. 117). Sara ya había dado muestras de su sensibilidad hacia lo divino en el capítulo 21 de Génesis, cuando percibe que la promesa ha de cumplirse a través de Isaac. Es consciente de que ha establecido una relación especial con ellos, porque les ha elegido y les protege (p. 102). También es un ser contradictorio y enigmático, como él mismo confiesa: «Soy un todo indisoluble, tendría que reconocer, en mí viven juntos tanto el bien como el mal» (p. 247) y cuyos juicios pueden ser incomprensibles 25:

Pues el Mago podía perdonar bigamias, alcahueterías, adulterios, y aun incestos, como va a verse luego, pero no indisciplinas ni desacatos de mujeres, les dices no comas del fruto de ese árbol y por puro vicio de desobediencia se apresuran a morderlo; no mires lo que no debes y no has terminado de advertírselo cuando ya sus ojos van raudos tras lo prohibido por puro placer de curiosidad. Para el Mago no hay curiosidad inocente viniendo de mujer. (pp. 182-183)

o injustos:

Dentro de las tareas de esa misma naturaleza, hay otras un tanto de mayor envergadura, como urgir a unos humildes consortes para que huyan de inmediato y así libren al hijo de una degollina decretada por un rey psicópata contra todos los niños de tierna edad, levántate, toma al niño y su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te avise; sin que desgraciadamente esta advertencia salvadora se pueda extender a los demás padres de familia, que ya sabrán lo que es el lloro y el crujir de dientes al ver las cabezas de sus vástagos desparramadas por el suelo de sus hogares, o en calles, avenidas, atrios y plazas donde las madres han visto interrumpida su fuga en procura desesperada de ponerlos a recaudo de la espada de los sayones. (p. 223-24)

Sara es capaz de enfadarse con Dios y, por ello recrimina a Abraham la ocurrencia de la divinidad que le pide en sacrificio una oveja del escaso rebaño cuando apenas tienen para comer y, en otra ocasión, quema deliberadamente el asado y deja poco cocidos los panes de la comida para los invitados 26, desconfiando de su promesa de descendencia:

la verdad es que su crédito andaba por los suelos, según le pasa a todo el que promete y no cumple. Y por eso se había reído Abraham, aunque luego se hubiera arrepentido, y por eso se reía ella ahora. (p. 43)

seguro te volvió a repetir otra vez lo mismo sobre tu descendencia, ni siquiera imaginación tiene para sus promesas, porque siempre sale con eso de las arenas del mar y las estrellas del cielo, sólo que unas veces esa descendencia va a vivir por siglos en cautiverio, y otras va a doblegar la cerviz de sus enemigos, quién lo entiende. (p. 234)

e incluso se atreve a desafiarle:

Agar quedó pronto embarazada. Ahora, se dijo Sara, muy contenta, a ver cómo sale el Mago de este aprieto, porque yo he hecho todo esto sin que él ni nadie me lo manden, es mi voluntad contra la suya, y hará el ridículo si la descendencia prometida a Abraham va a venir del vientre de una esclava que encima es egipcia, así pués tendrá que apresurarse a darme un hijo también a mí, y en ese caso el mío heredará por fuerza de la ley, y no el bastardo. (pp. 127-128)

Pero también lo percibe como un ser escurridizo y distante que se dirige a Abraham mientras a ella la evita. Sara ansía que el Mago se dirija a ella para tener ocasión de hablarle y decirle lo que piensa de él. Y mientras desea intensamente que se produzca ese diálogo fantasea con las palabras que le diría (pp. 74-75). Es en el último capítulo y, como cierre de la novela, cuando se produce ese diálogo tan esperado. Sara recibe la visita del Tuerto que con ternura le anticipa la llegada del Mago. Entre ambos personajes se han entretejido unos lazos que provienen de una misma perspicacia y naturaleza trasgresora, que no se resignan al papel que se les ha asignado en los relatos y reclaman intervenir en los acontecimientos para cambiar el destino previsto por la divinidad. Al igual que Job, Sara finalmente logra hablar con Dios en un diálogo fluido y libre en el que Sara se permite expresar su visión de los acontecimientos y hasta pone en aprietos al Mago, que preferirá no responder a sus requerimientos (pp. 245-249).

2.3. El narrador

Al igual que los personajes de Sara y el Mago, es clave en la novela. El narrador se fusiona con el autor. Está dentro y fuera de la historia hasta el punto de que, en ocasiones, el lector no puede saber con claridad quién está hablando. El propio Sergio Ramírez afirmaba en una entrevista que «está narrando muy cerca del oído de Sara». No es un narrador neutro que se limite a contar los acontecimientos. Los relata interpretados, mediados por su propia comprensión, pasados por el tamiz de su valoración crítica. Para ello establece un diálogo con el lector dejando cuestiones abiertas y planteándole a éste los problemas y ambigüedades del texto, así como el debate entre la razón y la tradición que se derivan de su interpretación. A modo de ejemplo, veamos su parecer sobre la edad del matrimonio:

Toca insistir que viejos no eran. En las historias acerca de aquellos tiempos tan inciertos mucho se exagera, o se adulteran las cifras, ya se dieron ejemplos, hay hombres, sea el caso de Abraham, que tienen hijos a los cien años, quedan viudos, aún vuelven a casarse ya centenarios, y mueren a los ciento setenta y cinco; y está el número de muertos en batallas o degollinas, que a veces llegan a doscientos o trescientos mil en un solo día. (p. 37)

o sobre el momento en el que Lot y su familia huye:

Todas éstas no son, se dirá, sino suposiciones de un profano que manosea a su gusto y antojo hechos de tan lejana data para convertirlos en historias fingidas, en las que todo puede faltar menos las invenciones, que no obedecen a reglas ni gobierno. Pero si alguien tiene otras herramientas de las que valerse, mejor lo declara pronto porque ya desciende Lot trayendo de la mano a Edith envuelta de pies a cabeza en un largo manto… (p. 167)

Realidad e interpretación se funden en un solo discurso, escepticismo incluido, con el que se dirige al lector para requerir su opinión, ya sea para corroborar ya sea para discrepar.

Por otra parte –y es otra de las estrategias para dotar de dinamismo y vivacidad al relato– el narrador establece una especie de juego con el lector por medio de la intertextualidad. Al igual que ha hecho antes alterando el orden de los episodios relativos a Abraham y Sara, también cambia el orden de otros acontecimientos bíblicos que aparecen fuera de Génesis. Historias que había escuchado Sara porque se transmitían oralmente o que conoce el narrador, recurso que le permite citar acontecimientos que, de otra manera, Sara no podía haber conocido. Las menciona de forma escueta y desde su propia interpretación, desafiando al lector, al que presupone buen conocedor de la Biblia, a que los identifique y perciba las variantes que ha introducido pues intencionadamente evita mencionar nombres propios 27. En las pp. 38-40 presenta un elenco de episodios de la Biblia que considera exagerados y poco creíbles:

Y ya no se diga la exageración de ciertos acontecimientos: el mar que se abre con sólo alzar frente a sus aguas una vara para que pasen unos perseguidos que son miles, y luego se cierra y se traga a los perseguidores, un ejército entero con todo y cabalgaduras, pendones, escudos, corazas y alabardas (el paso del mar Rojo en Ex 14,21-28); el sol que se detiene en medio cielo y lo mismo la luna, para que no anochezca durante un día entero, y así un capitán pueda ser favorecido en la batalla teniendo al enemigo a plena vista (Moisés en Ex 17,8-13); una escala que se pierde entre las nubes, por la que se puede subir y bajar a gusto y conveniencia (Jacob y la escalera en Gn 28,12-15); alguien que es llevado por los aires en un carro de fuego uncido a caballos de fuego en medio de una tempestad de fuego (la subida de Elías al cielo en 2 Re 2,11); los muros de una ciudad asediada que se desmoronan al sonido de unas trompetas de cuernos de carnero y conforme al griterío de la multitud de soldados que la sitian (la conquista de Jericó en Jos 6,1-20); uno que naufraga y va a dar al vientre de una ballena donde puede vivir tres días y tres noches, a pesar de las incomodidades que semejante abrigo entraña, hasta que es vomitado sano y salvo en tierra seca (el comienzo de la historia de Jonás, capítulos 1 y 2); para no hablar de aguaceros torrenciales que duran cuarenta días con sus noches respectivas entre la furia de los relámpagos y el fragor de los truenos, hasta llegar las aguas, turbias de lodo, a la cima de los montes (el diluvio en Gn 7,17-23).

¿Y qué me dicen de la simple vara ya mencionada, que además de separar en dos mitades el mar (Ex 14,16) también tiene la virtud de convertirse en serpiente (Ex 7,10), hacer brotar un manantial puro de las piedras al golpearlas con ella (Ex 17,1-6), provocar una lluvia de granizo al elevarla al cielo (Ex 9,18), transformar las aguas en sangre (Ex 7,19), o hacer nacer del polvo una nube de mosquitos de aguijones letales (Ex 8,12)? Y así por el estilo. (pp. 38-39)

Y concluye la enumeración con el dramático final de Sansón (Jue 16, 21-30) y la destrucción de la Torre de Babel (Gn 11, 5-9). No son meros resúmenes, sino sinopsis cargadas de intención y presentadas desde el punto de vista del narrador, que se muestra crítico y escéptico.

Incluso se permite menciones al Nuevo Testamento y a interpretaciones procedentes de los Padres de la Iglesia de los primeros siglos de la era común, sobre todo Orígenes, pero también Tertuliano, Ireneo o Jerónimo. El concepto de tiempo, por tanto, no es lineal y el orden cronológico se altera, porque lo posterior precede a lo más antiguo. El narrador pertenece al tiempo de los acontecimientos y, al mismo tiempo, se sitúa en otras épocas, trascendiendo el eje temporal pasado-presente-futuro.

2.4. Los dos viajes de Sara

El apelativo de «entrometida» proviene del hecho de que Sara interviene en momentos claves para evitar la muerte de miembros de su familia sobre todo en dos episodios: la destrucción de Sodoma y Gomorra (Gn 19) y el sacrificio de Isaac (Gn 22).

El primer viaje se produce tras la comida y el anuncio de la promesa de los tres ángeles, que se identifican con Gabriel, Miguel y Rafael tal como aparece en la tradición judía 28. Estos emprenden el viaje hacia Sodoma. En Gn 18,16-33 mientras los emisarios abandonan el encinar de Mambré, Abraham mantiene un diálogo con Dios en el que trata de convencerle para reducir el número de justos que podrían salvar la ciudad de su destrucción logrando dejarlo en diez. En la novela, en cambio, Abraham les acompaña en el viaje y en el regateo va aún más allá, logrando que un solo justo sea suficiente.

También Sara recorrerá a escondidas y sobre una mula el mismo camino por senderos menos concurridos para advertir a Lot que espere a los forasteros en la puerta de la ciudad y les ofrezca su hospitalidad: «Apenas pregunten por un justo les dirás que tú eres ese justo y si quieren más justos, les dirás tengan en cuenta a Edith mi mujer, y a mis dos hijas, pues fuera de nosotros no encontrarán a nadie más en este hoyo de inmundicias» (p. 144). Sara necesita asegurarse de que Lot y, sobre todo, Edith lograrán salvarse, para lo cual no teme afrontar los peligros de un viaje en solitario. También Abraham pondrá de su parte. Antes de regresar susurra en voz baja señalando a Lot: «Me voy, pero antes quiero recordarte que este es el justo» y ante la negativa de Rafael de hospedarse en casa de Lot se atreverá a insistir: «¿Cómo podrán saber si éste es o no el justo de que hablamos, si no se acogen a su hospitalidad?, miren que es el único que ha salido a las puertas de la ciudad para ofrecerles abrigo» (p. 148).

De manera que cada uno por su cuenta, Sara y Abraham buscan salvar a Lot. El desenlace del episodio coincide con el de Génesis, pero su desarrollo se modifica sustancialmente tanto en lo que respecta al comportamiento de Abraham como en la participación de Sara. Ambos harán lo posible para que Lot se muestre hospitalario y sea percibido como tal.

Especialmente interesante es el debate ético sobre quién debía ser considerado justo porque todos, en mayor o menor medida, tienen algo de lo que avergonzarse:

¿Era abominable por eso Edith, por tener un amante que se ganaba la vida pintando murales pornográficos en los lugares donde las mujeres se prostituyen por dinero? ¿Merecía la muerte por infiel? Entonces, también Abraham merecía la muerte por haber tomado como amante a Agar, el mismo a quien los mancebos eligieron primero para que sirviera como testigo de la destrucción purificadora, y luego le habían pedido que escogiera al justo que salvaría a todos. La había prostituido además a ella. Y ahora, quienes hacían lo mismo con sus propias mujeres, junto con los patrones de burdeles, rufianes, buscones y putañeros, y los desgraciados que pintaban falos como volcanes, se hallaban entre los que arriesgaban ser aniquilados. (pp. 120-21)

Y el narrador, tras contar el incesto de las hijas de Lot, se atreve a discrepar con una lapidaria constatación: «Por menos que eso fueron fulminados miles en Sodoma y Gomorra, pero está visto que no se le ocurrió a Rafael venir a calcinar la cueva con todos sus moradores adentro» (p. 186).

El segundo viaje se produce en relación con el episodio del sacrificio de Isaac. El capítulo 22 del libro de Génesis empieza con «Después de estas cosas Dios tentó a Abraham». Uno de los principios hermenéuticos de la exégesis rabínica es que la Biblia se explica por la Biblia. Por esta razón se establece un vínculo entre Gn 22,1 y el capítulo 2 del libro de Job donde Dios decide probar a un hombre justo. En ambos casos es una prueba a todas luces innecesaria que acarreará un sufrimiento gratuito a dos hombres que ya habían probado su fidelidad y rectitud. En el caso de Job, Satán, uno de los miembros de la corte celestial, propone a Dios tentar al justo Job. De ahí que la tradición rabínica haya desarrollado un corpus de leyendas en los que el personaje de Satán interviene en distintos momentos del relato del sacrificio de Isaac para comprometer a Abraham, a Isaac e incluso a Sara.

Esta conexión aparece en el midrás, que recoge dos versiones de la muerte de Sara 29, ambas relacionadas con el sacrificio de Isaac. En una de ellas Satán se le apareció para decirle que Abraham lo había ofrecido en sacrificio y, a consecuencia de la fuerte impresión murió 30. En la otra, Satán se presenta ante Sara con la apariencia de un anciano para contarle lo sucedido. Su primera reacción es lamentarse y llorar, pero más tarde emprende camino a Hebrón para averiguar qué ha sido de su hijo. Por segunda vez Satán se le aparece para decirle que todo era mentira. Sara se alegró mucho al saberlo y murió, esta vez de felicidad 31.

Tomando como punto de partida estas leyendas Sergio Ramírez reelabora de forma significativa el sacrificio de Isaac. Propone dos relatos en paralelo que se funden en uno. La versión de la tradición en la que una voz detiene el cuchillo y una versión innovadora en la que la intervención de Sara es determinante para evitar que su hijo muera. Abraham no recibe el mandato directamente de Dios sino a través de los tres mancebos, los mismos que se le aparecieron al comienzo del libro en referencia a Gn 18. De esta manera establece un nexo entre el anuncio del nacimiento de Isaac (comienzo de la promesa) y su sacrificio (imposibilidad de su cumplimiento). También está presente el Tuerto, aunque, excepto Sara, nadie repara en él. Gabriel pronuncia al oído de Abraham el mandato divino, por lo que Sara no logra oírlo, pero lo conocerá a través de las palabras de su marido:

¿Mi hijo? ¿Sacrificar a mi propio hijo?, preguntó Abraham con alarma, sigo sin entender, mi señor, y miró a Gabriel con angustia, y también miró a los otros, igualmente suplicante, y todos ellos permanecieron impasibles, es lo que es y se acabó. (p. 217)

La tensión narrativa –implícita en el relato bíblico a través de los silencios– es desarrollada en la novela en el plano emocional. Sara, en su desesperación, increpa con vehemencia a Abraham porque el Mago se ha vuelto loco 32, porque son un juguete en sus manos. Y le suplica que huyan y se escondan, pero Abraham piensa que no tiene más alternativa que obedecer. Estando sola en la tienda aparece el Tuerto, que viene a dar respuesta a la mirada suplicante de Sara momentos antes. Le dirá que es ella la que puede salvarlo, emprendiendo el viaje a escondidas para que cuando llegue el momento impida a Abraham clavar el cuchillo. Se pone en camino sin cabalgadura, sin provisiones ni agua, llevada tan solo por la fuerza de su amor de madre. Se anticipa a Abraham y se esconde en el monte hasta que llegue el momento. Entonces salta, detiene la mano de Abraham, que cae al suelo junto con el cuchillo, mientras contempla cómo Sara desata y abraza a su hijo. Y en ese preciso momento aparece el Tuerto con el carnero.

El autor altera los hechos, aunque hábilmente mantiene viva la tensión entre el relato bíblico y la creatividad literaria. Cada uno de los personajes vivirá ese momento de manera diferente y cada uno tendrá su propia versión de lo sucedido. Solo Sara se da cuenta de la presencia del Tuerto, solo Abraham escuchará la voz de Dios en el trueno. En realidad, lo que hace el autor es contraponer la obediencia ciega y la fe a la rebeldía y al amor incondicional. No se trata de que Abraham no ame a su hijo, sino de que su amor por él no es lo suficiente fuerte para oponerse a la orden divina. Se trata de una cuestión de lealtades y prioridades.

3. Reflexiones finales

Tras el análisis de la novela se puede concluir que Sergio Ramírez fusiona presente y pasado creando un relato fresco, espontáneo y actual en el que el lector se siente parte de los acontecimientos. A través de la estrategia narrativa de unir las figuras de narrador y autor logra salvar la distancia entre el pasado del relato bíblico y el presente del lector proyectando el presente a una época anterior. El autor reescribe la historia de Abraham desde su realidad personal, al identificarse con Sara, la protagonista. Se trata de un recorrido que toma como punto de partida el contexto del autor –el siglo XXI se cuela en el relato de los hechos y en cómo los interpreta Sara– para remontarse al pasado del relato bíblico.

El protagonismo de Sara y el desarrollo de la sicología del personaje se enmarca en el contexto actual de la reivindicación del papel de la mujer y de la exigencia de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Sara es una mujer intuitiva, perspicaz e inteligente mientras Abraham, como varón pasivo y conformista, queda relegado a un segundo plano. El resultado es que Sara adquiere una mayor presencia que su marido en los relatos y se invierten los roles sociales asignados a cada uno de ellos.

El autor ahonda en los sentimientos y en la necesidad de hacerlos presentes a través de la palabra, tanto en diálogos como en monólogos interiores. La especial relación que construye entre Sara y Edith incide en aspectos como la empatía y sororidad, que se contrapone a la rivalidad entre mujeres – motivada por el deseo de ser madres de varones– propia de los relatos patriarcales.

Sergio Ramírez no solo construye lo no dicho –sirviéndose en ocasiones de relatos de la tradición judía–, sino que discrepa, contiende y se pelea con el texto. Y lo hace desde una perspectiva personal, marcada por el espíritu crítico, el predominio de la razón y el rechazo a todo lo que es poco realista y creíble. De esta manera, proyecta el racionalismo propio de su época, obviando otros posibles significados de carácter simbólico. En este sentido se ha de entender su interpretación de la divinidad. Un Dios escurridizo, cambiante, impredecible e incomprensible en sus decisiones, con el que es prácticamente imposible establecer una relación personal. Un dios para sí y no para su pueblo. Fundamentalmente el narrador, pero también Sara y el Tuerto, cuestionan la justicia divina. Sin embargo, al citar otros pasajes bíblicos, el autor ha silenciado textos en los que Dios se muestra clemente y compasivo 33. Es, por tanto, una selección condicionada por su postura crítica y que deja entrever modos contemporáneos de abordar la relación con la divinidad.

Por otra parte, a través del uso de la intertextualidad el autor establece una relación directa con el lector, al que supone conocedor de la Biblia. Le asigna un papel activo y dinámico en el proceso de lectura, tanto en la identificación de los pasajes como en la ordenación de la secuencia temporal, lo que le obliga constantemente a confrontar la novela que está leyendo con la Biblia. Igualmente emplea un lenguaje visual que manifiesta la influencia del lenguaje cinematográfico en su forma de narrar 34.

A través de estas estrategias, Sergio Ramírez aúna tradición e innovación, proyectando en su reescritura del ciclo de Abraham una mirada profundamente contemporánea.

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1. Cf. Los tres volúmenes de Cambridge History of the Bible (1987), experimentado un notable desarrollo en las últimas décadas. Para un estado de la cuestión de este tipo de estudios y de los desafíos que afronta remito al sugerente libro de England y Lyons (2018).

2. La categoría de tema es equivalente al de reescritura. Cf. Del Olmo Lete (2018:35).

3. Dalila solo aparece en Jue 16. Su intervención está circunscrita a ser la causante del apresamiento de Sansón. Una vez sometido no se la vuelve a mencionar.

4. Como sucede con el gigante Goliat, cuya descripción (1 Sm 17,4-7) es esencial para comprender la enorme diferencia entre las capacidades físicas de los contendientes y, por consiguiente, lo excepcional de la victoria de David.

5. Sobre las características de la narrativa hebrea son de obligada consulta las obras de Alter (1981), Bar-Efrat (2003) y Sternberg (1987).

6. Sobre la presencia de la Biblia en la literatura española remito a los tres volúmenes dirigidos por Del Olmo Lete (2008-2010 y al cuarto, a cargo de Attala y Fabry (2016). Para estudios más especializados remito, entre otros, al vol. 1 y 2 de la revista Biblias hispánicas (2009 y 2013) y a Velázquez Velázquez (2013).

7. Cf. Seijas (2019).

8. Para una primera aproximación remito a Vogels (1997), Blenkinsopp (1999) y Ska (2001).

9. En esta línea de investigación remito al boletín bibliográfico «Biblia, mujeres feminismo» a cargo de Mercedes Navarro (2009) y, en relación a las matriarcas, cf. Estévez López (1999) y Fischer (2010).

10. Sergio Ramírez nace en Mastepe (Nicaragua) en 1942. Ha dedicado una parte importante de su vida a la política. Participó en la revolución sandinista que derrocó a Anastasio Somoza en 1979 y fue vicepresidente del gobierno de Daniel Ortega entre los años 1986-1990, actividad que abandona en 1996 tras presentarse como candidato presidencial y no ser elegido. La otra gran pasión de su vida es la literatura. Su obra se sitúa tras el boom de la literatura hispanoamericana. Su extensa producción literaria comprende ensayos, textos autobiográficos, artículos periodísticos, cuentos y novelas. El reconocimiento de su prestigio literario lo avalan numerosos premios, entre otros, el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso (Chile 2011) y el Premio Cervantes (Alcalá de Henares 2017). En 2015 publicó Sara en la editorial Alfaguara.

11. Como él propio autor señaló en distintas entrevistas que concedió con motivo de la publicación del libro.

12. Así Abraham esconde a Sara en un baúl antes de entrar en Egipto (p. 106) tradición recogida en Génesis Rabbah 40.5, cf. también Ginzberg (1913:189) o cuando el faraón es golpeado en las nalgas cada vez que intentaba acercarse a Sara (p.108) en Génesis Rabbah 40.2 cf. Ginzberg (1913:190).

13. No es la primera vez que lo hace. En La fugitiva (2011) el protagonismo recae en tres mujeres través de cuyas voces reconstruye la vida de la escritora costarricense Amanda Solano.

14. Cf. Besse (2016).

15. Edith, la mujer de Lot tiene un amante.

16. Así aparecen alusiones al sexo en la ancianidad en el episodio en el que Sara es entregada al faraón, en el encuentro con Abimélec y en el matrimonio entre Abraham y Cetura.

17. Cf. Seijas (2019:141-142). También Halter en su novela Sara construye su vida antes de ser la esposa de Abraham. De hecho, gran parte de la novela se dedica a este periodo, donde es presentada como la hija de una familia acaudalada de Ur que, al rechazar casarse con el marido que su familia ha elegido para ella, huye de su casa y acaba convertida en sacerdotisa de la diosa Ishtar.

18. Como en Jiménez Lozano, Sara de Ur y Halter, Sara.

19. Sergio Ramírez recurre a una tradición extrabíblica, que forma parte de la tradición judía, según la cual el padre de Abraham era fabricante de ídolos. Cf. la tesis doctoral inédita de E.M. García García (2018:164, n. 419).

20. Job 1,6-2,7. Otras referencias bíblicas en Zac 3,1-2; y I Cro 21,1. Para la evolución del personaje de Satán cf. Rabinowitz (2007).

21. Véase, a modo de ejemplo, el análisis que hace de la perversidad de los habitantes de Sodoma y Gomorra y de su postura sobre la pertinencia de este castigo colectivo (pp. 225-226).

22. Para un análisis en detalle de las mujeres de la familia de Lot cf. Seijas (2019:143-47).

23. Inexistente en el relato bíblico pues es más bien un pretexto para explicar el origen de una formación rocosa (al convertirse en estatua de sal) que un personaje propiamente dicho.

24. Esta imagen de la divinidad como Niño tiene muchos elementos en común con la que aparece en la película Exodus: Dioses y reyes dirigida por Ridley Scott en 2014.

25. Las dos citas que aparecen a continuación son un claro ejemplo de intertextualidad. Remiten a los pasajes bíblicos de la expulsión del paraíso (Gn 3), la anunciación (Lc 1,26-38) y la matanza de los inocentes (Mt 2,13-18), aunque los presenta desde su propia interpretación.

26. Este tema, la acción deliberada de presentar una comida cocinada de forma descuidada recorre distintos pasajes del libro. Es una forma de relacionar distintos episodios y de recordar la personalidad de Sara.

27. Se ha incluido la identificación de los pasajes entre paréntesis, si bien no forman parte del texto de la novela.

28. Al comienzo del capítulo 19 (pp. 223-24) se desarrollan las funciones atribuidas a cada uno de ellos.

29. Puede verse alguna otra variante en Ginzberg (1913:227-228,231).

30. Recogida en Levítico Rabba 20,2 y Pirqé Rabbí Eliezer 32.2. Para la traducción al castellano cf. Pérez Fernández (1984:225).

31. Séfer ha-Yashar, parashá wa-yerá (Gn 18,1-22,24) recogida en Berman (2002:117-118).

32. En ese momento Sara describe al Mago como «vengativo, rencoroso, falso, desleal y mentiroso» (p. 220).

33. Sin ánimo de ser exhaustivo cf. Sal 78, 38-39; Sal 145,8-9; Os 11,1-4; Jer 31, 20 e Is 46,3-4.

34. Sobre esta cuestión no he incidido. El propio Sergio Ramírez reconoce la influencia del lenguaje cinematográfico en su novela, cf. Seijas (2019:141) y Cherem (2004:50).

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